Fox y el pri: el complot contra lópez obrador que forjó una presidencia
Hace 21 años, México se vio sacudido por un intento de descalificación política que, paradójicamente, impulsó al ascenso de Andrés Manuel López Obrador. El proceso de desafuero, orquestado en 2006 por Vicente Fox y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), pretendía frenar la meteórica carrera del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, pero terminó consolidando su figura como líder de la oposición y, eventualmente, como presidente de la República.
El caso 'el encino': un pretexto para la exclusión
La excusa fue el presunto desacato a una orden judicial relacionada con el predio 'El Encino', una propiedad que López Obrador había destinado a fines sociales. Si bien las obras en el lugar fueron suspendidas, la acusación de cumplimiento tardío se utilizó como arma política. La decisión, respaldada por el gobierno federal de Fox y, sorprendentemente, por el PRI, generó una ola de indignación social, interpretada por muchos como una maniobra descarada para impedir la participación de López Obrador en la contienda presidencial de 2006. La cifra habla por sí sola: miles de personas salieron a las calles en una marcha del silencio, desafiando al poder establecido.
López Obrador, desde entonces, denunció un ataque orquestado por figuras poderosas como Carlos Salinas de Gortari, Fox y Santiago Creel. Aquel episodio, lejos de debilitarlo, actuó como un catalizador de su movimiento político, fortaleciendo su imagen como defensor de los derechos de los más vulnerables, enfrentado a las estructuras del poder.

Resistencia civil y el nacimiento de morena
La estrategia de 'resistencia civil' impulsada por López Obrador encontró eco en una ciudadanía cada vez más descontenta con el sistema político tradicional. La movilización social, la denuncia constante de la posible exclusión electoral y la persistencia en la búsqueda de justicia sentaron las bases para la creación de Morena, un partido político que rompería con el bipartidismo imperante y abriría paso a una nueva era en la política mexicana. Pero hay un detalle crucial: la estrategia no se limitó a la protesta. Se tradujo en una organización territorial, en la captación de militantes y en la elaboración de propuestas concretas.
El camino no fue fácil. Dos intentos fallidos en 2006 y 2012 demostraron la persistencia de la oposición y la dificultad de romper con las dinámicas del pasado. Sin embargo, la semilla sembrada en aquel desafuero floreció en 2018, cuando López Obrador finalmente asumió la presidencia, marcando un punto de inflexión en la historia de México.
En el aniversario de este episodio, figuras de Morena, como Claudia Sheinbaum Pardo, han recordado el caso como un símbolo de la lucha contra la injusticia y la impunidad. La senadora Martha Lucía Mícher Camarena, en tribuna, evocó la participación ciudadana y el apoyo incondicional de la población, resaltando que, a pesar de los intentos de silenciarlo, López Obrador logró llegar al poder, transformando el país y demostrando que la voluntad popular puede vencer a cualquier obstáculo.
El proceso de desafuero, finalmente, no logró su objetivo. Más bien, sirvió para forjar a un líder y consolidar un movimiento que, hoy, define la política mexicana. Lo que comenzó como una maniobra para excluir, terminó siendo el trampolín hacia la presidencia.