Francia recupera a skale del narco: cayó en balboa con identidad falsa
Joël Soudron llevaba años burlando a Europa entera. La Interpol lo buscaba por narcotráfico, Malí lo encerró, Créteil lo condenó y él siempre encontró una rendija. Esta madrugada la grieta se cerró en plena avenida Balboa, corazón financiero de Ciudad de Panamá, donde una patrulla de los Linces lo rodeó sin tiros: apenas le pidieron el pasaporte y el carné provisional de migración que portaba resultó ser papel trucado.
El hombre que respondió con acento parisino y sonrisa cansada ya no pudo negar que era el mismo nombre que figura en la lista de los 62 fugitivos más buscados del viejo continente. El software de Interpol Panamá lo confirmó en segundos: Soudron, 52 años, francés, prófugo desde que se escapó de una cárcel de Bamako en 2018 aprovechando un permiso de salida. La sentencia que le espera en francia suma más de una década por importación de cocaína, transporte ilícito y pertenencia a organización criminal.
El perfil que desconcertó a los linces
Los agentes de la Brigada Nacional de Investigación de Fugitivos (BNRF) lo habían estudiado como si fuera un manual de guerra: muy discreto, reflexivo, capacidad financiera ilimitada. Nada de escoltas, ni carros blindados. Su único lujo era la ropa de marca media que le permitía pasar desapercibido en los cafés de lujo de Balboa, donde alquilaba un apartamento sin nombre en el registro. «Parecía un ejecutivo que volvía de correr», contó un investigador. Ese anonimato fue su mejor escudo… hasta que la base de datos lo delató.
La fuga de Malí lo convirtió en leyenda dentro de los circuitos de inteligencia europeos. Se fugó caminando por la puerta principal, con la autorización de un juez que confió en su «buena conducta». Desde entonces la Dirección Central de la Policía Judicial francesa colgó su retrato en cada alerta de frontera, pero Soudron se movía como pez en el istmo: Colombia, Costa Rica, Panamá. La cocaína que comandaba salía de Turbo, llegaba a Rotterdam y él cobraba en paraísos fiscales. La operación de anoche demuestra que la red segía viva.

Panamá, patio trasero del crimen global
La captura de Soudron no es un episodio aislado. Hace menos de 48 horas la Fiscalía de Darién desmanteló una célula que esclavizaba a trece migrantes africanos en una casa de Zapallal. Los rescataron a la 1:30 a.m., rodeados de madrinales y custodiados por dos panameños que les cobraban 2 000 dólares por cruzar la selva. Misma ruta, mismas mafias: narcóticos y personas se funden en un solo negocio. El istmo, con su faja interoceánica, se ha convertido en la estación de servicio donde el crimen reposta dinero, documentos y víctimas.
La extradición de Soudron a francia puede cerrarse en semanas. El embajador galo ya presentó la solicitud formal y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá adelantó que no habrá obstáculos. Mientras tanto, el francés permanece en el Centro de Arraiján, en celda de máxima seguridad, sin privilegios. Allí, los reclusos lo miran con mezcla de temor y respeto: saben que el hombre que duerme en la litera de abajo fue capaz de sobornar fronteras enteras. Lo que ignoran es que su historia terminará donde empezó, en un tribunal de Créteil que lleva seis años esperando su voz para firmar la última página.
