Gaday se cuela en la cima sin ganar: la vuelta de uruguay ya huele a tongo
Lucas Manuel Gaday no ha ganado ni una sola etapa, pero este domingo se vistió de amarillo en Salto. El argentino del Dolores Cycles Club se ha colado en el liderato de la Vuelta Ciclista del Uruguay gracias a una bonificación de seis segundos que le bastaron para desbancar a Bonilla. La carrera empieza a oler a tongo: victoria sin victoria.
El sprint que no lo fue
Alan Matías Presa (Cerro Largo) cruzó la línea con el brazo en alto después de 199,1 km entre Nuevo Berlín y Salto. Mismo tiempo que Gaday, mismo instante que Maldonado, pero diez segundos de bonificación en la chequera. El criterio de la UCI convierte la igualdad en desigualdad y el Uruguay en un país donde el segundo puede ser primero sin despeinarse. Gaday lo sabe: «No he pisado el cielo, solo me han regalado las llaves», dijo mientras se quitaba el maillot sudado.
La general ahora huele a pólvora: 16 h 19 min 06 s para el argentino; 10 s más tarde aparece Bonilla; 7 s después, Quilci. El margen es tan estrecho que una sola muesa en el asfalto puede cambiar el color del jersey. El Dolores Cycles Club respira, pero no celebra: por equipos está a solo un suspiro del Club Náutico y de los brasileños de Localiza Meoo. La guerra es por segundos, no por etapas.

Salto deja sabor a poco
La ciudad termómana brindó un sprint masivo que nadie filmó y todos discuten. El viento del norte empujó la carrera hasta los 42 km/h de media, pero el calor de 38 °C dejó los glúteos pegados al sillín. En la plaza 19 de Junio solo se escuchó un «¡Vamos, Luki!» que venía desde Buenos Aires y que se perdió entre los tambores de una murga que ensayaba para Semana Santa.
El lunes la Vuelta salta a Paysandú con 116,1 km que prometen más cross-wind que tregua. Gaday ya avisó: «No tocare el freno hasta la meta». Presa, con una victoria en el bolsillo, sueña con doblar la apuesta. Bonilla, a siete segundos del sueño, se frota las manos: «El amarillo es de quien lo defiende, no de quien lo recibe». La frase suena a amenaza y a desafío.
La 80ª edición de la ronda uruguaya empieza a exigir sangre. En 1939 Federico Moreira la ganó por primera vez; lo hizo otras cinco después. Nadie ha repetido su gesta. Gaday no quiere ser Moreira, solo quiere llegar a Montevideo con el jersey limpio y sin bonificaciones que lo salven. El reloj corre y el Río Uruguay sigue mirando. Dentro de tres días sabremos si la curiosidad del argentino bastó para entender que en este país el ciclismo se mide en segundos robados, no en kilómetros ganados.
