Galán sube un peldaño en el ranking de alcaldes, pero bogotá sigue sin aplaudir

Carlos Fernando Galán se ha movido un solo escalón: del décimo al noveno puesto entre los mandatarios de las capitales latinoamericanas. El dato suena a victoria en el comunicado de prensa, pero la fotografía real es más cruda: 6 de cada 10 bogotanos siguen viendo su gestión con el ceño fruncido. La encuesta de CB Global Data, hecha entre el 16 y el 22 de marzo, lo certifica: 53,3 % de imagen negativa contra 43,2 % de aprobación.

El podio que bogotá no alcanza

Mientras tanto, en Santo Domingo, Carolina Mejía se permite el lujo de un 60,1 % de simpatía; en Ciudad de México, Clara Brugada roza el 58 %; y en Managua, Reyna Rueda se queda con 53,5 %. La brecha no es solo numérica: es narrativa. Allá las calles hablan de obras terminadas; acá, de promesas aplazadas. El alcalde puede celebrar el ascenso, pero el termómetro ciudadano aún marca fiebre.

El estudio recorrió 19 metropolis y dejó en evidencia la grieta regional. En La Paz, Iván Arias se hunde al 18,1 %; en Asunción, Luis Bello apenas supera el 19 %. Son los compañeros de fatiga de Galán en la tabla de abajo. La diferencia es que Bogotá, la mayor economía andina, aspira a liderazgos que hoy le pertenecen a ciudades con presupuestos más chicos y problemas similares.

La mejora que no alcanza

La mejora que no alcanza

Sí, el alcalde creció 1,9 puntos respecto a febrero. Pero hay un detalle incómodo: ese leve repunte proviene casi por igual de quienes ahora califican su gestión como «muy buena» (21,7 %) y de quienes la ven «buena» (21,5 %). El voto blando, el aplauso de compromiso. En cambio, el 34,6 % la tacha de «muy mala» y no da opción a matices. La capital parece partida en dos mitades que no dialogan: la que tolera y la que repudia.

Y ocurre en medio de un tablero que se mueve. Mayer Mizrachi, en Panamá, logró en 30 días un salto de 4 puntos; Mario Bergara, en Montevideo, perdió 4,2. Las calles cambian de opinión con la velocidad de un tuit; Galán, sin embargo, lleva meses tambaleándose en el mismo corredor: ni estrella ni catástrofe, solo un fluctuante 43 % que lo mantiene con vida política pero le niera oxigeno para proyectos de segunda vuelta.

El informe no explica por qué sube o baja la confianza; solo la fotografía. La interpretación queda para quienes recorren las ciclovías que aún no conectan, las estaciones de TransMilenio que siguen atestadas, los andenes donde el homicidio bajó pero el miedo persiste. Bogotá evalúa a su alcalde cada mañana en el espejo del bus, en la factura del agua, en el hueco que nunca se llenó. Galán puede presumir el noveno puesto, pero la ciudad le recuerda, a diario, que la medalla todavía huele a asfalto sin terminar.