García-gallardo desata la tormenta interna en vox tras el silencio sobre israel
Juan García-Gallardo ha encendido la mecha. El exvicepresidente de la Junta de Castilla y León ha estallado contra su propio partido por guardar silencio mientras Israel cerraba ayer el Santo Sepulcro a los católicos en Domingo de Ramos. Un texto en X, dardo envenenado a la cúpula de Vox, ha convertido una disputa teológica en guerra política interna.
La misa que no sonó
La Policía israelí bloqueó la entrada al cardenal Pierbattista Pizzaballa. La misa del Domingo de Ramos, la más solemne del año en Jerusalén, quedó reducida a un grupo de fieles rezando fuera de la iglesia más sagrada del cristianismo. La imagen corrió como pólvora entre los obispos europeos. El Vaticano protestó. Y en Madrid, Pedro Sánchez —autoproclamado ateo y blanco habitual de la derecha— rompió su habitual mutismo religioso para calificar la medida de “ataque injustificado a la libertad religiosa”.
García-Gallardo vio la jugada y la clavó en el corazón de su formación. “Hasta el ateo anticlerical Sánchez ha condenado la acción de Netanyahu contra los católicos”, escribió. La frase huele a desafío: si el líder socialista se alza como defensor de la cruz, ¿qué hace Santiago Abascal callado? El castellano y leonés, todavía afiliado a Vox aunque con expediente disciplinario abierto, apunta directamente a la dirección: “¿También es culpa de los ‘críticos’ que el presidente de Vox siga callado con este tema?”.

El expediente que pesa
El partido le tiene en la diana desde hace meses. Sus desmarques contra la línea oficial —primero por la gestión interna, después por la alianza con PP en Castilla y León— le han convertido en incómodo testigo interno. Ayer, con 280 caracteres, ha vuelto a demostrar que conoce el punto débil de la formación: la necesidad de blindar su imagen como paladín de la identidad cristiana. El silencio de la cúpula ante el cierre del Santo Sepulcro le ha regalado munición.
En los pasillos de la cámara autonómica ya se murmura que Gallardo podría ser expulsado antes de verano. Pero el daño está hecho: ha colado la duda de si Vox es capaz de defender el catolicismo cuando el enemigo no es el independentismo catalán ni la “dictadura progre”, sino el Estado de Israel.
La jugada deja a Abascal entre la espada y la pared. Romper el silencio y criticar a Netanyahu puede erosionar su alianza con la derecha israelí y sus votantes ultraconservadores. Mantener la boca cerrada, sin embargo, confirma la acusación de García-Gallardo: que el partido sólo defiende la fe cuando rinde réditos electorales. La grieta interna ya es abierta. Y el exvicepresidente, desde el ostracismo, ha logrado que la grieta se llene de luz justo el día en que los cristianos celebraban la entrada de Jesús en Jerusalén.