Gasolina en jalisco: 24 pesos el litro que desarman la economía
Las estaciones de Jalisco abrieron este domingo con la Magna a 24 pesos, la Premium a 28,84 y el diésel a 28,82. La cifra parece rutinaria, pero detrás del letrero electrónico late un algoritmo que decide cada 24 horas cuánto vale llenar el tanque de millones de coches. Hoy la historia se escribe con la Comisión Nacional de Energía, la CNE que desplazó a la extinta CRE y que, según el propio gobierno, tiene el poder de sancionar, regular y, en teoría, contener el precio.
El nuevo sheriff energético prometió techo y entregó precio de mercado
El acuerdo firmado en enero entre Claudia Sheinbaum y los empresarios fijaba un tope de 24 pesos para la Magna. El compromiso se cumple solo a medias: en Jalisco la Magna toca ese techo, pero la Premium y el diésel escapan por casi cinco pesos arriba. El truco está en la letra pequeña: el convenio regula solo el combustible más barato y deja al alza libre el resto.
La CNE heredó la base de datos de la CRE y la misma metodología: el precio se arma con el valor del crudo en el Gulf Coast, el tipo de cambio, el costo de logística, los impuestos y la ganancia de los 73 permisionarios que operan en el estado. La única novedad es el sello: ahora las resoluciones salen firmadas por técnicos que responden a la Secretaría de Energía y que, en teoría, gozan de autonomía operativa.
Pero la autonomía choca con la realidad. México importa el 70 % de la gasolina que consume y el peso acaba de cerrar su peor mes desde 2022. Cada centavo que se deprecia contra el dólar se traslada directo al surtidor. El resultado: en lo que va del año la Magna subió 1,30 pesos y el diésel casi dos. La inflación oficial del transporte ya roza el 8 % y el sector agrícola de Los Altos calcula que cada aumento de peso en el diésel le cuesta 300 millones de pesos en la cosecha de primavera.

El negocio de los centavos que no aparecen en el ticket
En la estación Pemex de López Mateos y Mariano Otero, el gerente abre la caja registradora a las 6:30 de la mañana. El software ya recibió el nuevo precio desde la terminal de Tula. «No somos nosotros, es Houston», responde cuando un cliente protesta. La frase resume el poder de la cadena: desde el US Gulf Coast hasta la bomba de Jalisco hay 1 200 kilómetros de oleoductos, riesgo político y un margen de ganancia que la Profeco revisa solo si alguien se atreve a denunciar.
La CNE promete publicar a diario el listado de precios por permisionario, pero la página se actualiza con retraso y los datos llegan sin nombre de marca. El consumidor puede comparar, pero no puede elegir: en Jalisco hay 600 estaciones y apenas cinco marcas dominan el 60 % del mercado. El resultado es un oligopolio disfrazado de libre competencia.
El cierre de la CRE dejó vacante el único espacio donde se discutían públicamente los márgenes de comercialización. Ahora las sesiones de la CNE son técnicas, sin transmisión en vivo y con actas que se publican 30 días después. La opacidad cuesta: cada centavo adicional en el litro de diésel se multiplica por 40 millones de litros diarios que consume el país. Son 400 000 pesos al día que se esfuman en el aire.
La próxima revisión del precio será el lunes a las 6 de la mañana. El algoritmo ya está corriendo en Houston mientras Jalisco duerme. Cuando el letrero electrónico vuelva a parpadear, la Magna podría bajar dos centavos o subir diez. La CNE lo llamará «ajuste técnico». El agricultor, el transportista y el repartidor lo llamarán, simplemente, la diferencia entre ganar o quebrar.
