Gijón estalla en júbilo: el indulto a las seis de la suiza sale del congreso y entra por la puerta de la cárcel
Nueve meses tras los barrotes, las seis sindicalistas de CNT que desafiaron a La Suiza despertarán mañana con la puerta abierta. El Consejo de Ministros firmará su indulto este martes, confirmaron a este diario fuentes de Moncloa, tras la presión de una calle que en Gijón ya celebra el regreso de sus “chicas de la rosa”. En la pastelería donde una embarazada denunció acoso, la protesta se volvió condena; la condena, símbolo; y el símbolo, ahora, victoria.
El grito que empezó en la trastienda de una pastelería
La historia empieza en 2019, cuando una obrera de 26 años subió la voz dentro del obrador de La Suiza: turnos de doce horas sin descanso, insultos por ir al baño y amenazas de despido si hablaba de su embarazo. Llamó a CNT. Seis compañeras —Sandra, Patri, Ana, María, Lupe y Vanesa— plantaron una huelga simbólica: pancarta en la puerta, reparto de octavillas y un abucheo al jefe cuando llegó la policía. La respuesta fue una querella por coacciones y desobediencia que el juzgado transformó en tres años y medio de cárcel por “obstrucción a la justicia”.
El 14 de septiembre pasado entraron en Brieva. Gijón respondió con cacerolas, murales y una campaña que recaudó 120.000 euros en diez días para pagar multas. El alcalde, socialista, rompió el protocolo y visitó a las presas; 67 diputados —desde el PP a Bildu— firmaron la petición de indulto. Lo que nadie firmó fue un acta de arrepentimiento: las seis se negaron a pedir perdón. Ese detalle, según fuentes del Ejecutivo, retrasó el perdón hasta que el Supremo emitió un informe favorable el viernes.

Cómo un conflicto laboral se convirtió en pieza de ajedrez político
El caso llegó al Congreso en plena negociación de la reforma de la negociación colectiva. ERC y Junts condicionaron su voto a gestos “para desjudicializar la protesta”. El PSOE, que ya había indultado a los “Lladres de València” y a los raperos de Hasél, vio en La Suiza la pieza que cerraba el rompecabezas. “No es una concesión; es una reparación”, dijo este lunes la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en la misma semana que se anuncia la derogación del delito de sedición.
La pastelería, hoy blindada con cámaras y seguridad privada, sigue vendiendo napolitanas de chocolate a 1,20 €. Pero en el escaparate ya no hay cartel de “se busca personal”. La trabajadora que dio origen al conflicto se indemnizó por la vía civil y ahora atiende un food-truck frente al mismo establecimiento. “No querían que pariéramos hijos; parimos una huelga”, resume entre risas mientras sirve cafés con leche con la bandeja de La Suiza boca abajo.
Mañana, a las 10 h, las puertas de Brieva se abrirán de par en par. Las seis saldrán con la misma ropa con la que entraron: sudadera negra y la bufanda del Sella. En la puerta, una multitud lleva desde el viernes practicando el cántico que estrenarán cuando aparezcan: “Las seis de La Suiza, las que amasaron la dignidad”. El Gobierno espera que el gesto amortigüe la huelga feminista del 8-M; los sindicatos advierten que, indulto o no, la pelea por la reforma laboral sigue abierta. La calle, por ahora, solo piensa en abrazos. Y en volver a la pastelería: no para comprar, sino para recordar que la historia la escriben quienes se juegan la piel antes que el curriculum.
