Granada conecta a los costaleros al ipad para salvarles la espalda

La ciudad que lleva sobre los hombros la imagen de la Virgen de las Angustias estrena este Viernes Santo un dispositivo que convierte la fe en datos. Un sensor del tamaño de una moneda de dos euros, pegado a la piel de cada costalero, enviará en tiempo real al capataz el peso exacto que soporta, su frecuencia cardiaca y el nivel de oxígeno en sangre mientras camina por el Carrera de la Virgen. Es la primera vez que la Semana Santa se mide con la precisión de un quirófano.

Un laboratorio de esfuerzo bajo el paso

Montserrat Altemir, neurofisioterapeuta del Centro de Atención al Costalero (CEACO), muestra el iPad donde parpadean diez líneas vitales. «Aquí vemos quién está al límite antes de que se derrumbe», dice. El sistema, bautizado como MonitorizaGo, ha sido probado durante meses en ‘la máquina del costalero’, un simulador que replica las oscilaciones de un paso de 1.400 kilos. Los resultados: quienes portan la virgen de El Silencio llegan a cargar con 87 kilos en el hombro izquierdo durante 42 minutos seguidos. «La columna no perdona, pero ahora podemos anticipar la lesión», afirma Altemir.

La clave no está solo en el sensor. Detrás del altar, un pequeño chaleco con electrodos envía pulsos eléctricos al cerebro para «potenciar la zona motora» antes de la salida. Se llama neuromodulación periférica y reduce la fatiga muscular entre un 15 y un 20 %. Tras la procesión, otro electrodo —esta vez en la nuca— acelera la recuperación del lenguaje corporal: en 48 horas el costalero vuelve a la calle sin el típico temblor de piernas.

De la fe al dataset

De la fe al dataset

La alcaldesa Marifrán Carazo visita el centro el lunes de pasión. Se quita el abrigo, se sube a la bascula y pide probar el simulador. «Necesitamos saber si la técnica española de la levantá es compatible con la ciencia», bromea. En el aire flota un olor a romero y sudor viejo. CEACO cumple dos décadas y ha pasado de ser un simple dispensario de vendas a un observatorio de 1.400 tratamientos anuales. El perfil del costalero ya no es el del obrero que bejuca aguardiente para aguantar: ahora es un atleta de 32 años que se somete a pruebas de lactato y estudia la biblia del core estabilizador.

Los datos son implacables: el 68 % de las lesiones graves se concentran en la vértebra C7 y en el disco L5-S1. «El paso no pesa más, pero la piedra es la misma desde 1621», dice Alfonso Benítez, fisio deportivo. Lo que cambia es la exigencia: los pasos se alargan, las cofradías compiten por ver quién la monta más alta y Instagram exige planos cenitales que obligan a aguantar el paso dos minutos más para la foto perfecta. «El algoritmo también sangra», susurra.

El costalero del futuro ya carga aquí

En la sala contigua, una veintena de mujeres se pruevan el sayo de raso verde. En 2026 habrá costaleras en el Cristo de los Gitanes. El CEACO abrirá línea de investigación específica: misma carga, diferente centro de gravedad. «La pelvis femenina disipa la fuerza de otra manera; no sabemos si es mejor o peor, pero vamos a medirlo», explica la doctora Ana Gómez, pionera en biomecánica de género.

La Semana Santa termina el domingo, pero los sensores seguirán activos. El objetivo es construir el primer atlas español del esfuerzo religioso: un mapa térmico de dolores que viajará a Sevilla y Valladolid. La licencia tecnológica ya ha despertado el interés de La Scala de Milán: los porters de ópera cargan pianos de cola con la misma técnica que un granadino carga a María Santísima. La fe y la física, al fin, hablan el mismo idioma: el de la precisión.

Cuando el último paso entre en la catedral el domingo de resurrección, el iPad habrá registrado 1,2 millones de puntos de datos. Alguno de ellos servirá para que el mismo costalero, el año que viene, suba la virgen sin que le tiemble el labio. La tradición ya no es incompatible con el algoritmo: se alimenta de él. Y Granada, una vez más, lleva la delantera.