Guadalajara se viste de rostros desaparecidos: pegan 2 mil fichas para que el gobierno vea lo que ignora
Las calles de Guadalajara amanecieron este domino convertidas en un muro de la vergüenza. A las 9:30, familias que ya no lloran porque se les acabaron las lágrimas, empapelaron la Zona Minerva con 2 mil fichas: fotos, nombres, fechas. Cada ficha es una ausencia que el gobierno de Claudia Sheinbaum contabiliza como número, pero que aquí respira como herida abierta.
Héctor Flores, del Colectivo Luz de Esperanza, reparte cinta masking y grita instrucciones. No hace falta megáfono: la voz se le ha vuelto percha para colgar la desesperación. “No estamos pidiendo limosna, exigimos que dejen de tirar nuestros muertos a la estadística”, suelta mientras clava el pulgar en el pecho de una joven reportera que aún no sabe cómo se escribe ‘desaparición’ sin que tiemble la mano.
La cifra que nadie quiere ver
El viernes, la presidenta elevó el conteo oficial a 130 000 personas no localizadas. Flores escupe la cifra: “Falta la mitad. Los que no denuncian porque la policía es la que se los llevó, los que no firman porque les quedaron dos pesos para el camión y prefirieron seguir buscando”. En Jalisco, la meca del tequila y los fosos clandestinos, se calculan 15 000 ausencias que no aparecen en ningún Excel.
La pegada de hoy es la número 197 desde que el grupo empezó, hace cuatro años. Han recorrido 42 municipios, han gastado 56 rollos de impresión y han dejado de contar las amenazas. “Un tipo con lentes oscuros me dijo: ‘Deja de joder o tu hijo aparecerá’. Le respondí: ‘¿En cuántas partes?’”, relata Marta Zaldívar, cuya hija desapareció en Tlajomulco en 2019. La mujer lleva un delantal bordado con el rostro de la niña y un botón que reza: “Memoria es justicia”.

Rumbo al mundial, con sudor de miedo
El 10 de junio, 120 familias subirán a un autobús rumbo a la Ciudad de México. Llevarán plantas de cilantro —“porque echas raíces donde nadie quiere”— y reinstalarán el memorial que ya una vez destrozaron. La fecha no es casual: dos días después arranca el Mundial 2026 y quieren que las cámaras que vengan por goles encuentren primero un país que entierra gente sin nombre.
Flores termina de acomodar una ficha en el poste de tráfico. La foto se despega un poco y él la vuelve a presionar, como si con eso pudiera prender también la esperanza. “Mientras ellos sigan contando, nosotros seguiremos pegando. Cuando se acaben las paredes, pegaremos en el cielo”, sentencia. La fila de voluntarios se alarga. Al fondo, un turista gringo pregunta por qué tantas caras. Un niño le responde en inglés roto: “Because Mexico forgets only when it stops looking”.