Guatemala arrasa 6,7 millones de plantas de coca y marihuana en 2025
El Ejército y la Policía acaban de arrancar e incinerar 6.703.098 plantas ilícitas en Guatemala. La cifra, que suena a estadística de oficina, representa toneladas de droga que no llegarán a México ni, de rebote, a Europa. Entre enero y diciembre de 2025, los uniformados han convertido en cenizas 4.088.739 arbustos de coca, 2.609.777 matas de marihuana y 4.582 amapolas. El valor de mercado negro: decenas de millones de dólares que ahora no alimentarán a los cárteles.
La última zancada fue en alta verapaz
El pasado fin de semana, helicópteros sobrevolaron la aldea Telemán, en Panzós, y descubrieron 103.000 arbustos de coca escondidos entre la espesura. Los soldados llegaron de madrugada, arrancaron planta por planta y las quemaron en fosas cavadas en la montaña. El humo negro se alzó sobre el río Polochic durante horas. El Ministerio de la Defensa calcula que esa plantación hubiera producido Q2,6 millones en pasta base.
La misma semana, en Río La Caoba, Petén, otra patrulla localizó 34.000 arbustos listos para cosechar. Allí no hubo tiroteos: los cultivadores habían huido al oír los rotores. Sólo quedaron huellas de bota y restos de irrigación casera con botellas plásticas. La Policía cree que los dueños son celulas mexicanas que alquilan tierra a campesinos guatemaltecos y les pagan con armas y fertilizante.

Semox ii: el golpe que nadie vio
El 27 de marzo pasado, en Semox II, Chahal, unidades de élite penetraron por tierra y aire en una zona que ni Google Maps registra con claridad. Destruyeron 19 plantaciones que sumaban 637.160 plantas de coca. El ejército tardó tres días en contarlas. El valor: Q15,9 millones. La operación pasó desapercibida para la prensa internacional, pero los informes de inteligencia la califican como el mayor golpe a la producción nacional desde 2022.
El secretario de Gobernación, Francisco Jiménez, admite que la frontera con Honduras se ha convertido en un corredor verde donde la coca reemplaza al maíz. «No es agricultura de subsistencia; es agroindustria del crimen», dijo en conferencia sin despeinarse. Promete que 2026 duplicará los sobrevuelos con drones termales donados por Estados Unidos.

¿Para qué tanto esfuerzo si la demanda no cesa?
La lógica del gobierno de Bernardo Arévalo es simple: cada planta arrancada encarece la droga antes de que cruce la frontera mexicana. Si el kilo de coca cuesta Q3.000 más al narco, los cárteles mexicanos empujan hacia el Pacífico y dejan de presionar el Petén. Al menos, esa es la apuesta. El problema es que el precio de la hoja en Bolivia y Perú sigue en picada, y los laboratorios se mudan a Guatemala porque la selva lo oculta todo.
Mientras tanto, los campesinos de Telemán reciben Q50 por día por sembrar coca; con frijoles apenas llegan a Q30. Hasta que esa brecha no se cierre, la siembra volverá. El humo de San Marcos II aún huele a químico, y ya hay nuevas plántulas a tres kilómetros, al otro lado del cerro. El Ejército lo sabe: volverán en 60 días, cuando las hojas estén verdes otra vez.
