Hacinamiento en el salvador: una bomba de reloj para la salud y la educación

Una de cada tres familias salvadoreñas comparte dormitorios con tres o más personas. La cifra, revelada por la última Encuesta de Hogares del Banco Central de Reserva (BCR), no es solo un dato estadístico: es una radiografía escalofriante de la precariedad habitacional que afecta a miles de hogares y amenaza el futuro de una generación.

El hacinamiento, un factor de riesgo silencioso

El hacinamiento, un factor de riesgo silencioso

El 31% de los hogares salvadoreños se ven atrapados en condiciones de hacinamiento, una realidad que multiplica el riesgo de enfermedades respiratorias, dificulta el desarrollo cognitivo de los niños y exacerba tensiones familiares. La encuesta, que analiza la situación habitacional en el país, también arroja luz sobre la alarmante falta de acceso a la propiedad de la vivienda: solo el 55.3% de los hogares son propietarios, lo que los convierte en inquilinos vulnerables a desalojos y a la inestabilidad.

Si bien el país ha experimentado avances en el acceso a servicios básicos como electricidad (98.4%) y agua potable (más del 90%), la calidad y la tenencia de estos servicios varían drásticamente entre áreas urbanas y rurales. En las zonas rurales, la dependencia de fuentes propias de agua y la persistencia de materiales de construcción precarios, como el adobe y la lámina metálica, agudizan la vulnerabilidad de las familias.

Lo que nadie cuenta es el impacto silencioso de los pisos de tierra, que afectan al 20.2% de los hogares rurales, creando un caldo de cultivo para enfermedades y afectando la dignidad de quienes los habitan. La falta de alcantarillado, que solo llega al 34.5% de las viviendas, obliga a muchas familias a verter aguas residuales a la vía pública, incrementando los riesgos ambientales y de salud.

La transición energética, aunque en marcha, aún deja mucho camino por recorrer. Si bien el 93.8% de los hogares utiliza gas propano para cocinar, una parte significativa de las familias rurales aún depende de la leña, una fuente contaminante que afecta la salud respiratoria y contribuye a la deforestación. El BCR, en su informe, subraya que la vivienda sigue siendo un factor clave en la lucha contra la pobreza multidimensional, pero la realidad que se vislumbra es la de un desafío estructural que requiere soluciones urgentes.

La quema de basura, práctica común en el 60.7% de los hogares rurales, es un síntoma de la falta de infraestructura municipal y de la necesidad de implementar políticas de gestión de residuos sólidos más eficientes. La brecha entre el acceso a servicios básicos en zonas urbanas y rurales es una herida abierta que socava el desarrollo social y económico del país.

La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) 2025, con sus datos contundentes, no es un simple informe: es una llamada de atención. Un llamado a la acción para que el Estado, la sociedad civil y el sector privado unan esfuerzos para garantizar el derecho a una vivienda digna y un futuro más saludable para todos los salvadoreños. La inacción no es una opción; el bienestar de una nación depende de la calidad del hogar de sus ciudadanos.