Hallan sin vida a un excursionista en la peña de arias montano
La sierra de Huelva guardó un silencio roto a las tres de la madrugada. Un aviso cruzó la radio del Consorcio Provincial de Bomberos: alguien había desaparecido en la Peña de Arias Montano, ese risco que vigila Alájar desde hace siglos. Cuatro horas después, los equipos de rescate bajaban el cuerpo sin vida de un hombre cuya identidad aún nadie ha querido desvelar.

La montaña que se traga secretos
La Peña no es un lugar cualquiera. A 360 metros sobre el alcor, sus lajas de pizarra se vuelven espejo cuando llueve y sus sendas se estrechan hasta convertirse en cuchillo. Los vecinos de Alájar conocen la historia: cada invierno, algún senderista calcula mal la luz o el frío, y la roca devora otro nombre. Esta vez, el teléfono 112 sonó cuando la noche aún era boca cerrada.
El dispositivo fue rápido, casi desesperado. Dos bomberos, el jefe de guardia, una bomba urbana ligera, un furgón de servicios y el vehículo de rescate FSV-6 escalaron el desfiladero. Les esperaba la Guardia Civil y una ambulancia que ya intuía lo peor. A las siete, la peña entregó lo que había escondido: un cuerpo tendido entre lentiscos y romero, sin huellas de violencia, sin explicación.
El Sindicato Andaluz de Bomberos cierra el parte con la frase que ahora todos repiten en Alájar: "Causas desconocidas". Nadie menciona la niega que anidó en la madrugada, ni el viento que azotó los 9 km de sendero. Tampoco el hecho de que, en lo que va de año, ya son tres los avisos por desapariciones en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Un dato que la Junta no publicita.
Mientras tanto, el pueblo despierta con la noticia colgada del balcón del ayuntamiento. Los primeros clientes del bar La Parada comentan que el hombre llevaba bastón de marcha nordica y mochila pequeña, detalle que ningún parte oficial confirma. En la plaza, un guía local susurra: "Si te descuidas, la peña te mira y se te mete dentro". Nadie se atreve a decir si fue eso, o simplemente un pie que dudó en el vacío.
El juez de instrucción ya tiene el atestado. La familia, avisada. La peña, impasible, vuelve a cobijar buitres que dibujan círculos sobre el vertigo. Y en la taberna, un viejo alcarreño apura su manzanilla mientras repite la frase que cierra cada tragedia en la sierra: "La montaña no mata; solo devuelve lo que le pertenece".
