Herzog estudia indultar a netanyahu antes de la sentencia

La presidencia israelí ha abierto la vía para que Benjamin Netanyahu pueda escapar de los tribunales sin esperar a que los tres juicios por corrupción lleguen a veredicto. Isaac Herzog ha pedido al Ministerio de Justicia que le entregue «datos adicionales» sobre indultos previos concedidos antes del cierre de los procesos, incluidos gestiones diplomáticas o liberaciones de rehenes.

La petición que nadie quería leer

La petición que nadie quería leer

El mandato llega envuelto en cautelas. La oficina de Herzog subraya que la solicitud «no debe interpretarse como una declaración de postura». Pero la mera existencia de esa carta, firmada por la asesora legal Michal Tzuk, coloca al presidente en la disyuntiva que ningún predecesor ha afrontado: indultar a un primer ministro en funciones y con cargos tan graves como soborno, fraude y abuso de poder.

Netanyahu ya jugó esta carta en campaña. Desde que regresó a la jefatura del Gobierno a finales de 2022, repite que los tribunales le «amarran las manos» mientras Hamás dispara cohetes. Sus abogados han demorado la vista oral 37 veces: citas médicas, visitas diplomáticas, «motivos de seguridad». Ahora suman la vía presidencial como último intento de cortar de raíz el proceso.

El precedente preocupa. En 2008, Moshe Katsav abandonó la presidencia tras un acuerdo de plea bargain que evitó la cárcel antes de la sentencia. La diferencia: Katsav ya había dejado el cargo. Netanyahu, en cambio, controla el Ejecutivo y la coalición que puede blindar al propio Herzog si la calle protesta.

El pulso interno se activará la próxima semana. El Departamento de Indultos tiene cinco días para remitir el dossier. Si el presidente decide ampliar el plazo, el bloque derechista ya avisa: presentará una moción para que el Parlamento «redefina» los criterios de indulto. Es decir, cambiar la ley para adaptarla al procesado.

La oposición prepara la respuesta. El laborista Yair Lapid advierte que «indultar a un primer ministro acusado de soborno convertiría a Israel en la réplica judicial de Bielorrusia». El mensaje cala: según el último sondeo de Channel 12, el 61 % de los israelíes rechaza cualquier gracia antes de sentencia.

Herzog sabe que su legado pende de un hilo. Si firma, pasará a la historia como el presidente que salvó a Netanyahu del banquillo. Si se niega, desatará la ira de la coalición y quizá provoque una crisis institucional sin precedentes. La próxima semana decide si Israel sigue siendo un país donde la ley se aplica incluso a los primeros ministros.