Huimanguillo se despierta con balas: dos muertos y un arsenal incautado en tabasco

Las campanas de la madrugada en Huimanguillo no repicaron: estallaron. A las 03:40 del lunes, un grupo de civiles armados abrió fuego contra una patrulla municipal en el kilómetro 15 de la carretera que une a Ejido Tierra Nueva 4ta Sección con el resto de Tabasco. Dos agresores quedaron tendidos sobre la carpeta asfáltica. El saldo: dos cuerpos sin identificar, una camioneta oficial perforada y un arsenal que las autoridades aún cuentan por piezas.

La balacera que nadie reportó a tiempo

Los policías patrullaban la zona tras recibir un aviso anónimo de detonaciones. Lo que encontraron fue una emboscada. «Los atacaron de frente, sin mediar palabra», confiesa un agente que pidió omitir su nombre. El intercambio de disparos duró menos de tres minutos, tiempo suficiente para que los agresores —montados en dos motocicletas— cayeran. El resto del comando huyó entre la espesura de la selva tabasqueña. La Fuerza Interinstitucional de Reacción Táctica (FIRT) Olmeca llegó cuando ya solo quedaban casquillos calientes sobre la carretera.

En el suelo, los peritos recogieron un fusil AK-47, cuatro pistolas calibre 9 mm y 28 cartuchos útiles. Las motocicletas, una Honda y una Italika, tenían reporte de robo en Chiapas. El modus operandi apunta a un grupo de sicarios trasladado desde la frontera sur para cobrar peaje a transportistas y oleoductos. «Huimanguillo se convirtió en corredor», admite la fiscalía estatal. La cifra habla por sí sola: 17 enfrentamientos en lo que va del año, el doble que en 2023.

Cocaína, cristal y un versa azul abandonado

Cocaína, cristal y un versa azul abandonado

Mientras los cuerpos eran levantados, a 170 kilómetros de distancia, en el fraccionamiento STAIUJAT de Villahermosa, otro hallazgo reconfiguró el mapa del narco tabasqueño. Un Nissan Versa azul con placas de Chiapas estaba estacionado desde la medianoche con las luces intermitentes encendidas. Vecinos alertaron a la SSPC. Dentro del maletero, 27 ladrillos de cocaína envueltos en cinta café, 42 bolsitas de cristal y 8 kilos de marihuana prensada. El arsenal complementaba el negocio: un segundo AK-47, dos escopetas recortadas, 15 chalecos antibalas y una caja de granadas de fragmentación que el Ejército cataloga como «armamento de guerra».

Nadie apareció para reclamar el cargamento. La PGR ya rastrea los números de serie de las armas: tres de ellas fueron robadas a elementos del 63 Batallón de Infantería en 2022. El mensaje es claro: Tabasco dejó de ser un pasillo para convertirse en bodega.

El negocio que fluye por el grijalva

El negocio que fluye por el grijalva

La geografía traiciona a Huimanguillo. Está a media hora de Pemex-Macuspana, a una de las refinerías más importantes del país, y a dos de la frontera guatemalteca. El petróleo, la carretera 186 y el río Grijalva conforman un triángulo que el crimen organizado usa como rampa de lanzamiento. «Controlan tres puntos: el puente, la brecha y la playa de condensados», describe un ingeniero que transporta ductos. La recompensa: cobrar derecho de piso a pipas, tortillerías y hasta a los pescadores artesanales.

El gobernador, Javier May, prometió «un cerco de hierro» tras el tiroteo. La realidad: la policía municipal de Huimanguillo opera con 72 elementos para 53 mil habitantes. La ratio es de un agente cada 735 civiles. El cerco, de momento, es de papel.

La madrugada del lunes terminó con dos cuerpos en la morgue de Villahermosa, un arsenal bajo candado y un Versa azul con las puertas abiertas. En Tabasco, la frontera entre lo oficial y lo clandestino se mide en calibres. La cuenta regresiva para el próximo enfrentamiento ya empezó: el cerrojo del arsenal está oxidado y el Grijalva sigue corriendo hacia el Golfo, cargado de cocaína y promesas incumplidas.