Iberia compra la salida de 996 trabajadores con cheques de 30 nóminas

El último trimestre de 2026 Iberia despedirá su escala en la terminal de empleo española: 996 personas —el 9 % de la plantilla— ya tienen billete de salida pactado. La aerolínea y los sindicatos sellaron la noche del martes un ERE voluntario que convierte la despensa laboral en subasta interna: 35 días por año trabajado para quien tenga menos de 60 años y el 80 % del sueldo vitalicio para quien acepte colgar el uniforme antes de tiempo.

El acuerdo, al que ha llegado el 92 % de la representación sindical, dibuja un mapa de salidas segmentado por profesión: 106 pilotos del Sepla, 137 tripulantes de cabina (TCP) y 753 operarios de tierra —técnicos de mantenimiento, administrativos, mostradores— se reparten el pastel de prejubilaciones y bajas incentivadas. El único reparo, por ahora, lo pone USO, que mañana someterá el texto a votación entre sus afiliados antes de subirse al carro.

El dinero que calla la aerolínea

Lo que nadie cuenta es que el plan oculta una cuenta corriente paralela: la mutualidad Loreto. Quienes se vayan a los 61 años —58 en el caso de los TCP— conservarán la cobertura médica hasta los 65, una primacia que en la práctica eleva la indemnización real por encima de los 400.000 euros en los casos de media antigüedad. La cláusula se disfraza de «garantía social», pero en los pasillos de la T4 ya la llaman «la paguita de oro».

La cifra habla por sí sola: 30 mensualidades tope para los que opten por la vía rápida, aunque la letra pequeña estipula un mínimo de 12 si la cola de voluntarios se queda corta. Iberia se reserva un cupo de entre 44 y 50 plazas de bajas incentivadas en tierra; si no se llenan, desatascará la lista de nacidos en 1967. Es la compañía la que fija el ritmo del despegue, no el reloj del empleado.

Despegue silencioso antes de la fusión

Despegue silencioso antes de la fusión

El calendario no es casual. El holding IAG —matriz de Iberia— prepara la fusión operativa con Air Europa y necesita balancear la hoja de plantilla antes de que Bruselas le pida sacrificios adicionales. Cada cabeza que se va voluntariamente evita un despido colectivo que hubiera exigido autorización ministerial y expuesto a la compañía al fuego de un Congreso en campaña.

En los hangares de la base de Barajas ya circula el nuevo organigrama: se desmantelan equipos de mantenimiento de flota A340, se externalizan los servicios de rampa en destinos secundarios y se concentran los vuelos de media distancia en aviones con tripulaciones mixtas. El ajuste no es solo numérico; es una reorganización del negocio aeroportuario que arrastra a proveedores y concesionarios.

Quienes firmaron ayer tienen 90 días para echar el broche a su carrera. El 31 de diciembre de 2026 Iberia cerrará la última página de este libro de salidas y, con él, la fotografía de una plantilla que ya nunca volverá a ser la misma. El siguiente vuelo despegará con 996 asientos vacíos y una factura que, en silencio, se pagará entre todos los que seguimos subiendo a los aviones de la bandera roja y amarilla.