Ice patrulla los aeropuertos mientras la tsa se derrite: 500 renuncias en un mes

El uniforme azul marino de la TSA empieza a parecer un disfraz de domingo. Mientras los escáneres se apagan por falta de personal, los agentes de inmigración custodian filas de pasajeros que ya no saben si están en un control de seguridad o en una estación de deportación.

La fuga silenciosa que paraliza el aire

La fuga silenciosa que paraliza el aire

El viernes 14 de marzo, 3.560 empleados –el 12 % del plantel– no pisaron el aeropuerto. El ausentismo llegó al 40 % en terminales secundarias. Llevan 35 días sin ver un dólar. Más de 500 ya entregaron la placa: buscan trabajo en supermercados, gasolineras, cualquier sitio que pague a la semana. La primavera universitaria, con sus 2,3 millones de vuelos domésticos, estalló sin ellos.

La imagen del fin de semana fue grotesca: agentes del ICE –formados para perseguir indocumentados– repartiendo botellas de agua y señalando bandejas para la laptop. En Atlanta, Houston y Newark, revisaron licencias de conducir sin saber qué código de tres letras significa «PRE». Un oficial migratorio confesó a un pasajero: «Nunca había tocado una cinta transportadora hasta ayer».

El truco contable de Trump –desviar 150 millones de un fondo de recortes fiscales– llega tarde. El lunes entrará el primer depósito, pero la confianza ya se fugó. El sindicato calcula que el promedio de deuda por agencia supera los 4.800 dólares, sumando intereses de tarjeta y préstamos para la gasolina. Irán bombardea buques en el Golfo y el galón roza los 4 USD; cada viaje al trabajo cuesta 60.

La Casa Blanca sigue aferrada a su teatro: republicanos rechazaron la propuesta bipartidista que hubiera reabierto la DHS porque «no incluye suficientes medidas de represión migratoria». La excusa oficial: dos muertes en Minnesota durante una redada. El resultado: filas que dan la vuelta a la terminal y vuelos cancelados por «ausencia de tripulación de cabina», que prefiere quedarse en casa antes que atravesar un checkpoint operado por policías de fronteras improvisados.

La próxima semana, cuando los primeros cheques lleguen a las cuentas vacías, la TSA habrá perdido ya a los veteranos que conocen los artefactos de Raytheon como la palma de su mano. ICE podrá quedarse: su presencia, dicen, es «temporal». Pero nadie ha fijado fecha de retirada y el contrato de arrendamiento de sus suburban empieza a olvidarse en los aparcamientos. La normalidad, esa palabra, vuela ahora con pasaje en lista de espera.