Illa planta cara al tsjc: defiende la escuela catalana tras la orden judicial

Salvador Illa no ha venido a Barcelona a firmar resoluciones. Ha venido a lanzar un mensaje de fuego al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña: la lengua catalana y el modelo escolar no se tocan. Ni una coma.

Lo ha hecho en el Monasterio de Santa Maria de Valldonzella, un escenario cargado de simbolismo catalán, horas después de que el TSJC ordenara ejecutar provisionalmente la sentencia que tumbaba parte del decreto del Govern para blindar el catalán en las aulas. Un jarro de agua fría para el Ejecutivo. Una provocación para Illa.

La frase que lo resume todo

“Dejar claro el compromiso con la defensa no solo de la lengua, por supuesto, sino también con el modelo de la escuela catalana que tenemos”. Corta. Directa. Sin concesiones. Illa ha hablado así, sin matices, porque sabe que cualquier resquicio lo usarán los que quieren abrir la puerta al castellano como lengua vehicular.

La sentencia del TSJC no es un capricho judicial. Es la punta de lanza de un conflicto que arrastra años: la batalla por el catalán en la escuela pasa por aquí, por esta resolución que obliga al Govern a aplicar provisionalmente lo que antes blindaba. El decreto anulado establecía que el catalán debía ser la “lengua vehicular y habitual” en la enseñanza. Ahora mismo, es papel mojado.

Illa lo sabe. Por eso ha subido al estrado con el tono de quien no piensa ceder. Ni ahora ni en la siguiente sentencia. El mensaje es para el TSJC, pero también para JxCat y ERC, que le observan con lupa. Y para el Ministerio de Educación, que observa desde Madrid cómo se resquebraja el modelo que ha sido bandera de la autonomía catalana desde la reforma de 1983.

El modelo en la cuerda floja

El modelo en la cuerda floja

La escuela catalana se sostiene sobre tres pilares: catalán como lengua vehicular, cohesión social y escolarización inclusiva. El TSJC ha tocado el primero. Y al tocar uno, tambalea los otros. Porque si el catalán deja de ser la lengua común en las aulas, la red de escuelas que ha vertebrado el país durante cuatro décadas se resquebraja.

El Govern ya prepara el recurso. Pero mientras tanto, los centros reciben la orden de aplicar la sentencia. Y los equipos directivos se frotan las manos: ¿cómo se gestiona una escuela cuando el TSJC dicta una cosa y el Departament de Educación otra?

Illa no ha dado detalles sobre cómo blindarán el modelo. Solo ha repetido que lo defenderán “con todas las herramientas legales”. Una promesa que suena a brindis al sol si no viene acompañada de un plan B. Porque la próxima sentencia puede ser firme. Y entonces, no habrá discurso que aguante.

En el patio del Monasterio, mientras Illa se marchaba, una profesora de primaria susurraba: “Si el catalán cae en la escuela, cae todo”. Nadie le ha discutido.