Infantino fija su postura: irán jugará el mundial 2026 pese a los misiles

Gianni Infantino ha dicho basta. Este martes, a través de la mexicana N+ Univision, dejó caer la frase que encendió los grupos de WhatsApp de cada federación: Irán jugará en el Mundial 2026. Ni un plan B, ni una puerta de salida, ni la más mínima concesión a quienes presionan para excluir a la selección persa tras los ataques cruzados con Israel y Estados Unidos. El mensaje es claro: la FIFA blinda la participación de Irán aunque la geopolítica le estalle en la cara.

El boicot que no es boicot

Detrás del titular hay un tablero de ajedrez en llamas. La Federación Iraní de Fútbol, por boca de su presidente Mehdi Taj, anunció hace diez días que su equipo boicotea a Estados Unidos, no al torneo. Traducción: jugarán, pero prefieren que sus tres partidos de grupo se disputen en territorio mexicano, lejos de las ciudades estadounidenses que ya tenían asignadas sus fechas. La petición llegó tras la escalada militar de febrero, cuando misiles iraníes y bombardeos israelíes volaron sobre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo.

La FIFA, hasta ahora, ha guardado silencio sobre si puede modificar el calendario ya sellado. Infantino solo ha admitido que la situación es “muy complicada”, pero insiste en que su única misión es garantizar que los 23 iraníes entren al campo “en las mejores condiciones posibles”. La frase suena a eufemismo diplomático; en la práctica, significa que la organización está dispuesta a redibujar la geografía del Mundial si eso evita un veto político.

México, moneda de cambio

México, moneda de cambio

México se convierte así en la moneda de cambio. El país ya aloja diez partidos; añadir tres más no parece un problema logístico. El gran escollo es político: ¿cómo justificar ante Washington que la selección de un régimen al que sanciona termine jugando a menos de 300 km de la frontera? La respuesta de Infantino es despejar el césped: el fútbol está por encima del conflicto, o al menos eso cree vender.

El propio mandatario suizo anticipa el vendaval de críticas. En privado, asesores de la FIFA reconocen que la Casa Blanca ha trasladado su malestar por la inflexibilidad del organismo. Pero Infantino ya amortiguó presiones similares en el Mundial de Rusia 2018 y en Catar 2022. Su estrategia: apelar al reglamento técnico —nadie puede ser excluido por motivos políticos— y dejar que el tiempo calle a los detractores.

La jugada tiene riesgo. El Congreso de Estados Unidos prepara una resolución bipartidista que exige revisar la exención fiscal que la FIFA disfruta en el país si Irán finalmente pisa campos estadounidenses. El lobby israelí, por su parte, ha puesto en marcha una campaña para que los patrocinadores condicionen sus cheques. La factura podría superar los 200 millones de dólares en derechos de imagen y hospitality.

El precio de una bandera

El precio de una bandera

Mientras tanto, en Teherán, la selección persa sigue entrenando bajo la mirada de 84 millones de iraníes que ven en el Mundial su único escaparate global. Para muchos, el boicot anunciado no es tal; es una cortina de humo para que la clase política salve la cara ante la calle sin renunciar a la exposición internacional. El equipo necesita los puntos FIFA para no quedarse fuera de la próxima fase de clasificación; el régimen necesita la foto.

Infantino lo sabe. Por eso aprieta, pero no rompe. Ha convertido el derecho a jarrear un balón en un argumento de Estado. Y mientras los misiles se cruzan a miles de kilómetros, el presidente de la FIFA firma la alineación con la misma caligrafía con la que selló el reparto de sedes: plan A, punto y seguido. El partido, como siempre, se juega fuera del campo.