Infantino pasea por el azteca y promete un mundial sin grietas: 'méxico está listo'

Gianni Infantino subió las escaleras del Estadio Azteca con el paso de quien conoce cada rincón del negocio. No era su primera visita, pero sí la que cierra el círculo: en 2026 el coloso de Coyoacán abrirá la Copa del Mundo con un México-Sudáfrica que ya huele a épica. La foto con Clara Brugada, jefa de Gobierno, y la promesa de un legado duradero fueron el mensaje oficial. Lo que no se fotografió fue la lista de urgencias que aún sangran bajo la grada.

La cuenta atrás ha empezado y las grietas aún no se cierran

La cuenta atrás ha empezado y las grietas aún no se cierran

La capital tiene 90 días para engordar el presupuesto de movilidad, rematar los accesos peatonales y resolver quién paga la remodelación de los palcos VIP que lucen igual que en 1986. Brugama habla de “ciudad deportiva”, pero los vecinos de la calzada de Tlalpan cargan desde hace meses contra los topes improvisados que desvían el tráfico hacia sus calles. La solución es temporal, como la pintura fresca que cubre las paredes del metro Copilco: aguanta lo que dura el flash.

Infantino no mencionó cifras. Tampoco se le vio anotar en su libreta negra cuando Sheinbaum le confesó que “quedan cosas por mejorar, algunas de los dueños del estadio”. La frase suena a eufemismo de ingeniero: el Azteca necesita una cirugía de cableado, baños y accesos para cumplir los protocolos de seguridad que la FIFA exige desde hace dos años. El club, propietario del inmueble, aún negocia con la Liga quién afronta los 50 millones de dólares que cuesta la operación.

Mientras tanto, el país se juega su pase mañana en Guadalajara. Congo y Jamaica se disputan el penúltimo boleto; Bolivia e Irak, el último. La repesca es un reality de consolación: cuatro selecciones que no soñaban con estar aquí y que ahora venden la ilusión de un Mundial que arranca en México, pero que ya no es solo mexicano. EE.UU. y Canadá reparten la torta y dejan a la capital con cinco partidos y la ceremonia inaugural. Justo lo que necesita el Azteca para reivindicarse: otro 15 de junio, otro himno, otra ovación que borre la imagen del último fracaso de la selección.

Infantino se despidió con la nostalgia del turista que compra el sombrero azteca en la puerta del metro. Dijo que volverá en julio para la prueba de fuego. Para entonces, la ciudad debe haber tragado el polvo de las obras y apagado los semáforos en obras. Si no, el Mundial arrancará con un escándalo de cemento y cuenta corriente. Y el Azteca, que vio a Pelé y a Maradona, podría convertirse en el primer estadio de la historia que inaugura un Mundial con el techo de asbesto aún por sustituir. La FIFA no perdona los retrasos, pero México ya ha vendido 200 mil entradas. La afición paga por creer. El reloj corre y la pelota, aún, no ha rodado.