Inspector de soacha usó su placa para abusar de tres guardas durante tres años

José Arturo Figueredo, el inspector que juró proteger a la comunidad de Soacha, convirtió la estación sexta de policía en su cazadero particular. Entre 2022 y 2025, tres guardas de seguridad —de 23, 30 y 42 años— soportaron sus manoseos, sus frases soeces y, en al menos una ocasión, el acceso carnal que les impuso bajo amenaza de perder el empleo.

La primera denuncia que hizo temblar la inspección

Dalin Selena Monsalve tenía 23 años cuando grabó con su celular el 3 de junio de 2025. En el video —al que tuvo acceso Noticias Caracol— se ve a Figueredo empujándola contra un escritorio mientras susurra: «No te hagas la difícil, tú sabes que esto es parte del turno». Ella se aparta; él vuelve. La grabación dura dos minutos y diecisiete segundos, pero bastaron treinta segundos para que la Fiscalía abriera la carpeta 2025-0342 que hoy pesa sobre el uniforme del inspector.

Las otras dos vigilantes se sumaron después. Una de ellas, la de 42 años, declaró que el oficial la citaba «para revisar el arma» cuando el resto del personal ya se había ido. Allí, según el expediente, la esposaba contra un archivador y la besaba contra su voluntad. La más joven, la de 30, confesó que llegó a comprarse bragas de mayor tamaño «para que no se notara y él perdiera interés». Ninguna funcionaria denunció antes por miedo a ser despedida; Soacha tiene más de 12 000 desempleados y un puesto en la Policía es oro.

El modus operandi: jerarquía, soledad y silencio

El modus operandi: jerarquía, soledad y silencio

Figueredo escogía los viernes después de las cinco de la tarde, cuando la inspección quedaba en penumbra y los demás patrulleros salían a cubrir el turno noche. Aprovechaba que las guardas firmaban la salida de armas en el cuarto de comunicaciones, un espacio sin cámaras —falla que la Fiscalía ya pidió corregir—. Allí, según la pericia psicológica, ejercía un «control por condición»: les recordaba que eran «empleadas eventuales» y que él podía «no renovarles el contrato» si «se hacían problema».

El ente investigador encontró 37 mensajes de WhatsApp que el inspector se enviaba a sí mismo como borradores: «Cómo le digo que si no se deja, la saco»; «La chiquita nueva ya está agarrando viaje». Los peritos de la Caivas —Centro de Atención Integral a Víctimas de Abuso Sexual— calificaron esas notas como «planificación previa» y los añadieron al expediente como prueba de dolo.

De la comandancia al monitoreo electrónico

De la comandancia al monitoreo electrónico

El pasado 18 de diciembre, la fiscal 26 delegada ante el Caivas imputó a Figueredo por acto sexual violento y acceso carnal violento, figuras que suman hasta 30 años de cárcel. El inspector no aceptó cargos. El juez Gustavo Niño dictó medida de aseguramiento en casa con brazalete GPS y visitas sorpresa de la CTI. La defensa alegó «riesgo de linchamiento» si ingresaba a la cárcel de La Picota; la Fiscalía respondió que «la calle no es escenario de impunidad».

Mientras tanto, la Policía Nacional abrió proceso disciplinario y suspendió provisionalmente a Figueredo. La Inspección Sexta, sin embargo, sigue operando con el mismo cuarto de armas y el mismo horario. Las tres denunciantes fueron trasladadas a otras dependencias; dos de ellas reciben tratamiento psicológico por estrés postraumático. La más joven, Dalin, estudia derecho nocturno. «Quiero ser fiscal», dijo en la audiencia. «Para que ninguna compañera vuelva a grabar su propia humillación.»