Irán activa la máquinaria de la horca contra sus propios ciudadanos
Teherán amaneció este domingo con un anuncio que hiela la sangre: el juez más poderoso del país ha ordenado cacería abierta contra quienes él llama «traidores». La frase, dicha desde el estrado por Golamhosein Mohseni Ejei, suena a sentencia antes que a advertencia: «No habrá indulgencia ni tolerancia». Traducción: la horca ya está engrasada.

La lista crece mientras occidente mira a otro lado
La cifra habla por sí sola: cientos de detenidos en 30 días. El 28 de febrero estalló el conflicto con Estados Unidos e Israel y, desde entonces, cada amanecer trae nuevas redadas. Esta vez no se trata de disidentes armados, sino de tuiteros, estudiantes, comerciantes que compartieron un meme, una canción, un «me gusta» sospechoso. El cargo es siempre el mismo: colaborar con el enemigo, un delito que en Irán lleva la pena de muerte escrita en letras rojas desde 1987.
Lo que nadie cuenta es cómo se fragua la lista negra. Mizan, la agencia oficial del Poder Judicial, lo ha dejado escrito: denuncias vecinales, capturas de pantalla, informes de inteligencia cruzada con cuentas de Instagram. El vecino de al lado puede ser tu verdugo. Y si vives en el extranjero, también: Ejei ha confirmado que hay expedientes abiertos contra iraníes exiliados. El brazo de Teherán se alarga donde alcance.
El mensaje es un doble disparo. A la población le llega la orden de cerrar filas; a los potenciales disidentes, la certeza de que el juicio será rápido, telemático y sin apelación. El tribunal especial que instruye estos casos —un salón de mármol en la cárcel de Evín— puede dictar sentencia en menos de una semana. La última ejecución por «corrupción en la Tierra» fue el martes pasado. El cadáver aún no ha sido entregado a la familia.
La ironía es amarga: mientras el gobierno iraní vende al mundo la imagen de una nación sitiada que defiende su soberanía, dentro convierte la delación en deber patriótico. La seguridad «psicológica» de la que habla Ejei es, en realidad, el miedo convertido en ley.
La historia no termina aquí. Cada nuevo amanecer puede traer un nombre que se sume a la lista de los condenados. Y la horca seguirá engrasada mientras alguien tenga algo que decir.
