Irán apunta al corazón energético de israel: haifa y el negev en la mira
Un misil iraní estalla en plena refinería de Haifa y deja escapar una humareda tóxica que se cuela entre los tubos de crudo como una serpiente negra. El impacto no mata, pero desata el pánico en la mayor planta petrolera del país y enciende la alarma: la guerra ya no solo cruza fronteras, perfora tanques.
Bazan arde, el suministro se aguanta
El proyectil —o lo que quedó de él tras la interceptación— cayó sobre un camión cisterna cargado con benceno en la periferia de Bazan. El fuego lamió las paredes de almacenamiento, sin alcanzar las unidades de destilación. El ministro de energía, Eli Cohen, asegura que la producción no se tocará; los bomberos hablan de horas de espuma y agua para sofocar brasas que aún escupen ceniza. El veterano que atendió a la emisora Kan lo resume con una frase que huele a kerosene: «El peligro está bajo control, pero el miedo flota en el aire».
La refinería, que procesa unos 200 000 barriles diarios, ya fue blanco el 19 de marzo. Dos impactos en un mes convierten a Haifa en casilla de salida del tablero energético iraní.

Negev: el desierto que ya no es refugio
Mientras el humo de Haifa se desgasa, otro misil iraní perfora el cielo del Negev y se estrella en Neot Hovav, a 12 km de Beersheba. El complejo industrial —40 empresas de residuos peligrosos y tecnología ambiental— queda envuelto en una columna gris que el viento del desierto arrastra hasta el hospital Soroka. Seis trabajadores con la cara cubierta de hollín llegan con la respiración entrecortada; todos dan el alta antes del anochecer.
Los equipos químicos recorren la zona con detectores de bolsillo, midiendo partes por millón de metales pesados y solventes. No encuentran niveles críticos, pero la orden es tajante: ningún trabajador pisa la calle. El Comando de Defensa del Frente Interno sella el kibbutz cercano y activa el protocolo de confinamiento que ya conocen de memoria los habitantes del sur.

La noche de los siete misiles
Desde la medianoche, el ejército contabiliza siete lanzamientos desde territorio iraní. La Guardia Revolucionaria se adjudica el ataque a Neot Hovav y promete más «precisión sobre objetivos económicos». Cada alerta dispara la sirena, cada sirena dispara la interceptadora. El cielo de Israel se convierte en un tablero de ajedrez de fuego donde las piezas vuelven a colocarse tras cada jugada.
En Haifa, los operadores de Bazan revisan válvulas y sensores. En el Negev, los camiones cisterna vuelven a circular al amanecer con escolta militar. El mensaje que circula por los grupos de WhatsApp de los trabajadores petroleros es seco: «Si el siguiente misil entra, no contaremos solo escombros, contaremos barriles perdidos».
Israel responde con silencio oficial y con la certeza de que la próxima llama puede nacer en cualquier tubería. El conflicto ya no busca solo vidas; busca desangrar la máquina que las mantiene encendidas.
