Irán arrasa: 93.000 edificios civiles destrozados por la ofensiva de ee.uu. e israel

En menos de un mes, la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel ha convertido 93.000 instalaciones civiles iraníes en cascotes humeantes. Entre ellas, 600 escuelas y 295 centros sanitarios que ahora parecen fotos de un libro de historia sobre guerras olvidadas.

El mapa de la destrucción

La Media Luna Roja iraní desveló este domingo un inventario que hiela la sangre: 71.547 casas y 20.779 negocios inservibles. La mitad de esa ruina se concentra en Teherán, donde 31.562 viviendas y comercios fueron alcanzados por misiles que, según el informe, «no distinguieron entre calles de mercado y cuarteles militares».

El detalle más demoledor llega con los números de la salud y la educación. Treinta y cinco hospitales quedaron parcialmente destruidos; 46 ambulancias fueron convertidas en chatarra; tres helicópteros médicos nunca despegarán. La red de emergencias, que debería ser el último baluarte de cualquier ciudad, aparece ahora como un colador de luz y cemento partido.

El silencio de las cifras oficiales

El silencio de las cifras oficiales

Desde el 5 de marzo, el gobierno iraní no actualiza el número de muertos: se quedó en 1.230. La ONG opositora HRANA, con sede en Estados Unidos, eleva la cifra a 3.461, de los que 1.551 eran civiles. La grieta entre ambos datos es un abismo que nadie quide medir. Mientras tanto, este domingo seis personas murieron en el sur y nueve resultaron heridas en el norte, según la televisión estatal. Un muelle petrolero y un barrio residencial fueron los últimos blancos.

La organización humanitaria insiste en que los 17 centros propios dañados «estaban claramente marcados con el símbolo de la Media Luna». La frase suena a reclamación que llega tarde: las fotos aéreas muestran techos agujereados justo encima de los emblemas rojos pintados sobre blanco.

Irán bajo la ceniza

En la provincia de Gilán, una maestra de primaria recorre ahora las aulas sin pizarras ni pupitres. En Isfahán, un pediatra atiende a los niños heridos en un gimnasio reconvertido en hospital de campaña. «Perdimos la radiografía, no la radiografía del aparato: la del país», me dijo por teléfono antes de que la línea se cortara. Su voz temblaba más que los edificios que describía.

La reconstrucción, advierten los ingenieros consultados, tardará entre cinco y siete años si el cerco financiero persiste. El cemento y el acero escasean; los bancos no abren créditos; el dinero se evaporó con los depósitos bombardeados. En los mercados negros de Teherán ya se cotiza el ladrillo a precio de oro.

La Media Luna Roja concluye su informe con una sola línea que suena a epitafio: «La urgencia es hoy, no mañana». Mientras el mundo debate sanciones y contraofensivas, 93.000 escombros aguardan ser contados de nuevo, esta vez con nombres y apellidos, no con números fríos.