Irán bloquea ormuz y desafía a ee uu: 'cualquier provocación complicará la situación'

El estrecho de Ormuz, arteria por donde fluye el 20 % del petróleo mundial, está ahora bajo control de facto de Irán. Abbas Araqchi, ministro de Exteriores de Teherán, lo advirtió ayer por teléfono a su homólogo francés: cualquier maniobra de Washington o sus aliados será considerada una provocación y, por tanto, recibirá respuesta.

La clausura que nadie se atrevía a pronunciar

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Desde el viernes, los radares iraníes dibujan un círculo rojo en el GPS de cada petrolero. Los buques que zarpan con bandera de Estados Unidos, Reino Unido o Israel quedan fuera. El resto —China, India, Corea del Sur— puede pasar, sí, pero solo después de presentar plan de ruta y tripulación a la Armada de la Guardia Revolucionaria. El mensaje es claro: el cuello del Golfo Pérsico ya no es vía libre.

Araqchi lo envolvió en lenguaje diplomático —«principios del derecho internacional»—, pero el fondo es un embargo unilateral impuesto con misiles y lanchas rápidas. La retórica apunta a dos blancos: el Consejo de Seguridad de la ONU, al que califica de «simpatizante» de los agresores, y los europeos, a quienes acusa de llorar por el precio del barril mientras callan los bombardeos sobre Irán.

En Teherán repiten la misma letanía: los ataques a bases estadounidenses en Irak y Siria son «operaciones defensivas». Lo que omiten es que esos campamentos albergan tropas que, según Washington, están allí bajo invitación de los gobiernos locales. Doble estándar que, en el tablero del estrecho, se traduce en barcos detenidos y primos del crudo rozando los 90 dólares.

El truco de la «coordinación» con que Irán ampara el paso de petroleros neutrales es, en la práctica, un peaje político. Quien quiera cruzar debe demostrar que no transporta cargamento para la coalición liderada por EE UU. El certificado se expide en Bandar Abbas y se paga con antelación; de lo contrario, el buque se devuelve o, peor, queda «inspeccionado» por comandos de élite.

La última vez que Irán cerró Ormuz, en 2019, el mundo perdió 4,7 millones de barriles diarios en 48 horas. Ahora el escenario es distinto: hay menos reservas estratégicas, más demanda asiática y un presidente norteamericano que enfrenta elecciones. Araqchi lo sabe. Por eso aprieta ahora, cuando Europa debate entre el miedo a la inflación y la tentación de rearmar la flota.

El estrecho tiene 33 km de ancho. Bastan dos buques averiados para convertirlo en un atasco de hierro y fuego. La advertencia iraní no es retórica: es la hora cero de un ajedrez cuyo precio lo pagaremos en cada litro de gasolina. El tablero está servido; las piezas se mueven por agua.