Irán bombardea kuwait con 14 misiles y 12 drones: 10 soldados heridos en un solo día
Las sirenas aún no habían callado cuando los médicos del campamento Al-Jahra contaban diez camillas ocupadas. Diez uniformes rasgados por la metralla de un drone iraní que, a las 03:42 del domingo, se coló en el espacio aéreo kuwaití como quien atraviesa una puerta sin llave.
El coronel Saud Abdulaziz al Atuan lo confirmó con voz de trinchera: 14 misiles balísticos y 12 drones hostiles detectados en 24 horas. Algunos impactaron. Otros, los más, fueron interceptados. Pero basta con que uno se escape para que la guerra te entre por la ventana.

La cuenta de la guerra que nadie firma
Desde que el 28 de febrero Irán decidió convertir Kuwait en su patio de tiro, han volado 307 misiles balísticos, 2 de crucero y 616 drones. Seis muertos registran ya las autoridades: dos civiles, dos policías y dos soldados. A esa lista se suman otros siete militares estadounidenses —seis reservistas murieron en el puerto de Shuaiba—, aunque Washington prefiere no hacer ruido.
El ataque de este domingo dejó además almacenes calcinados de una empresa logística privada que, según fuentes portuarias, manejaba material militar para la base de Camp Arifjan. El Ministerio de Defensa kuwaití no desglosa pérdidas; prefiere hablar de "daños materiales". En la práctica: contenedores convertidos en chatarra y un hospital de campaña que atiende a los heridos mientras espera la próxima salva.
Kuwait ya no es solo un observador incómodo de la guerra entre Irán y el mundo. Es la pared contra la que estallan las balas ajenas. Y cada noche, cuando los radars detectan un nuevo enjambre de drones, la pregunta que se escucha en los cuarteles no es si vendrá otro ataque, sino cuántos segundos faltan para que llegue.
La cifra habla por sí sola: en un mes, más de 900 proyectiles iraníes han cruzado el cielo kuwaití. El país entero es ya una base militar sin techo. Y los heridos de hoy, los diez que aún respiran bajo vendajes, son solo la factura provisional de una guerra que nadie se atreve a firmar.
