Irán desafía a líbano y mantiene a su embajador en beirut

El embajador iraní en Líbano, Mohamad Reza Shaibani, no se ha movido. No lo hará. Teherán lo confirmó este lunes con una rotundidad que roza la provocación diplomática: el diplomático «continuará desempeñando sus funciones en beirut» pese a que el gobierno libanés lo declaró persona non grata hace una semana y le fijó el 29 de marzo como fecha límite para abandonar el país.

La versión iraní: todo resuelto, nada que ver aquí

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, compareció ante la prensa con el aplomo de quien da una noticia sin darla. «Tras las cuestiones planteadas por las autoridades libanesas competentes y la conclusión final alcanzada, permanece en su misión», dijo, sin explicar en qué consiste exactamente esa «conclusión final» ni quién la alcanzó ni cómo.

Teherán también se apresuró a dejar claro que la embajada de la República Islámica en Líbano sigue abierta. Una señal de normalidad que, en el contexto actual, tiene más de mensaje político que de comunicado de rutina.

Beirut guarda silencio, pero el daño ya está hecho

Beirut guarda silencio, pero el daño ya está hecho

Lo llamativo es lo que no ha ocurrido: el gobierno libanés no ha respondido. Ni una declaración, ni una protesta formal, ni una confirmación de que aceptan la permanencia del diplomático que ellos mismos expulsaron. Ese silencio puede leerse de muchas formas. Ninguna favorece la imagen de un Estado que intenta recuperar soberanía real sobre su territorio.

La semana pasada, beirut no solo expulsó a Shaibani. También convocó a su propio embajador en Teherán, Ahmad Soweidan, para consultas, alegando que Irán había violado «las normas diplomáticas y los principios establecidos de interacción entre ambos países». Una acusación grave, formulada en lenguaje burocrático, pero grave.

El trasfondo que lo explica todo

Nada de esto surge de la nada. La crisis diplomática entre ambos países viene gestándose desde que Hezbolá, el grupo chií libanés con estrechos vínculos con Teherán, comenzó a lanzar ataques contra Israel en apoyo a la República Islámica desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero. Israel respondió con semanas de bombardeos sobre territorio libanés. Y Líbano, atrapado entre dos fuegos, decidió que ya era suficiente de que Irán utilizara su suelo como tablero de ajedrez.

El problema es que declarar persona non grata a un embajador iraní y conseguir que realmente se vaya son dos cosas distintas. Teherán lo acaba de demostrar con una claridad desconcertante.