Irán desmiente negociar cara a cara con ee.uu. y culpa a washington de romper el diálogo
La cancillería iraní cerró este lunes la puerta a cualquier fantasía de negociación directa con Washington. «No hemos tenido ninguna negociación directa con Estados Unidos hasta el momento», sentenció su portavoz, Ismail Bagaei, en una rueda de prensa que sonó más a réplica de guerra que a anuncio de paz.
Lo que sí existe, reconoció, es un tenue intercambio de mensajes a través de intermediarios —Pakistán incluido—, pero calificó las propuestas estadounidenses de «demandas excesivas e irracionales». Un eufemismo diplomático que, en el lenguaje de Teherán, significa: ni hablar de rendición.

La acusación que teherán no olvida
Bagaei apretó el gatillo retórico contra Washington al recordar que, en los últimos nueve meses, Estados Unidos ha abortado dos procesos diplomáticos. La secuencia, según la versión iraní: mesas que se abren, bombardeos israelíes que estallan, diálogo que se desmorona. «Reiterar este hecho es importante para que la opinión pública mundial no olvide que Irán, como un actor racional y responsable, entró en la vía diplomática, y que fue Estados Unidos quien, en ambas ocasiones, destruyó el proceso de negociación», dijo.
La ironía es demoledora: mientras Islamabad anunciaba para «los próximos días» una reunión entre iraníes y estadounidenses en suelo pakistaní, Teherán desmarcaba: «Nosotros no hemos participado en ese marco». Traducción: si hay café diplomático, Irán no ha reservado mesa.
La guerra, iniciada el 28 de febrero con el sello conjunto de Washington y Jerusalén, sigue viva. Cada noche trae nuevos drones, nuevos fuegos cruzados, nuevos muertos. Bagaei advirtió que «no se espere moderación únicamente de una de las partes». Es decir: si alguien pide cese del fuego, que prepare el recibo de la agresión.
Detrás del telón, sin embargo, los intermediarios siguen en danza. Pakistán, Arabia Saudí, Turquía y Egipto se reunieron este fin de semana en Islamabad para buscar una salida. Irán aplaudió la preocupación regional, pero dejó clavo clavado: quien inició la guerra debe asumir costes. «La exigencia lógica de la República Islámica es que cualquier país o parte que aborde la cuestión del fin de la guerra tenga en cuenta quién la inició».
El mensaje es una línea roja: sin reconocimiento de responsabilidad, no hay pacto. Y menos aún con un adversario que, según Teherán, ya demostró que usa el diálogo como cortina de humo para atacar.
El escenario, pues, se encoge: mesas que se alargan, mensajes que se cruzan, bombardeos que no ceden. La región respira un aire a 1914: todos hablan de paz, pero nadie suelta el fusil. Y mientras tanto, el reloj de los ataques diarios sigue corriendo. Según la última cifra filtrada por el Pentágono, más de 120 misiles y drones han cruzado el espacio aéreo del Golfo en la última semana. Nadie ha dicho «basta» sin antes cargar el lanzador.
