Irán se desangra: 70 muertos en 72 horas y un país que ya distingue el ruido de los b2
Teherán huele a pólvora y acero derretido. Desde el viernes, tres instalaciones nucleares, dos universidades y un barrio entero han sido convertidos en escombros. La cuenta de muertos civiles supera los 70 en tres días. La capital, con sus diez millones de habitantes, ya aprendió a diferenciar el zumbido ligero de un caza del retumbar pesado de los bombarderos B2. Dormir es un lujo que pocos se permiten.
El 28 de marzo fue el día negro: 701 bombardeos en 278 puntos de 21 provincias. El 74 % de los impactos cayó sobre Teherán. La ONG opositora HRANA, con sede en Estados Unidos, compila los datos que el régimen de los ayatolás se niega a publicar. El Gobierno iraní solo da la cara cuando puede culpar al “agresor imperialista”. El resto del tiempo, silencio y humo.
La industria nuclear iraní, en el punto de mira
El viernes, la siderúrgica de Mobarakeh —corazón metalúrgico del país— quedó hecha trizas. A su lado, la de Juzestán, en el oeste. Ambas abastecen de acero a la industria militar y civil. El agua pesada de Jondab dejó de fluir; la torta amarilla de Ardakan, convertida en polvo. Sin ellas, el combustible nuclear se detiene. Rusia, que construyó la planta de Bushehr, evacuó a su personal tras el tercer ataque en diez días. El reactor se resquebraja por dentro y nadie se atreve a acercarse.
Sábado: la Universidad de Ciencia y Tecnología de Teherán, fundada en 1929, recibió un regalo de 500 kilos de explosivos. El edificio de investigación de defensa quedó como un cráter. El mismo día, 24 civiles murieron en barrios del este. Domingo: la Universidad de Isfahan, donde se disejan misiles y drones, se sumó a la lista. La cadena catarí Al Arabia, con su salón de belleza anexo, parecía un objetivo menor hasta que la onda expansiva arrastró tres manzanas.
La oscuridad llegó después. Una subestación eléctrica explotó en Teherán; otra torre cayó en Karaj. Millones de personas se quedaron sin luz justo cuando el régión anunciaba “resistencia total”. La ironía: sin electricidad, ni siquiera se puede ver el discurso del presidente por televisión.

15.000 Bombas israelíes y 10.000 bombardeos estadounidenses en 33 días
El macabro contador sigue girando. Israel ha lanzado 15.000 bombas; Estados Unidos, más de 10.000 bombardeos. Las cifras militares no incluyen víctimas civiles: esos números molestan. Pero HRANA los anota: 35 muertos el viernes, 24 el sábado, 17 el domingo. Heridos: 60, 88 y 8. La cuenta no distingue entre chiíes, suníes, kurdos o árabes. El fuego es igual para todos.
En Teherán, los supervivientes juegan a adivinar el siguiente objetivo. La lógica apunta a refinerías, puertos y, sobre todo, a cualquier lugar que almacene uranio. El país que alguna vez soñó con convertirse en potencia nuclear ahora teme que cada centrifugadora sea su epitafio. Mientras tanto, los cazas siguen surcando el cielo y los B2 regresan cada noche con su letanía de muerte. La guerra superó el mes, pero el calendario ya no importa: Irán vive en una semana interminable de viernes negros.