Irán se queda a oscuras: ataques a la red eléctrica dejan a teherán sin luz y con los gritos contra ee.uu. en la plaza

La oscuridad se tragó anoche parte de Teherán y la provincia de Alborz tras una oleada de ataques contra centrales y líneas de alta tensión. El Ministerio de Energía confirmó el apagón en un comunicado breve, casi telegráfico: «Hace unos minutos, tras una serie de ataques contra instalaciones de la industria eléctrica, parte de la capital y de Alborz han quedado sin electricidad». La frase, leída en la IRIB, sonó como un eco lejano de los cables cortados y los transformadores incendiados.

La luz falla, pero no el cántico

Mientras los técnicos corrían contra reloj para restaurar el servicio, la plaza de los Mártires se iluminó con linternas de móvil. Miles de personas coreaban «¡Muerte a América!» y «¡Muerte a Israel!» como si el corte fuera un paréntesis menor en su rutina de protesta. La cadena estatal mostró las imágenes en bucle: hombres y mujeres de todas las edades, pañuelos verdes y banderas tricolores ondeando entre flashes. El mensaje era claro: ni la oscuridad ni los ataques van a doblegar la liturgia del viernes.

El gobierno no ha querido detallar quién está detrás de los sabotajes. Solo ha dicho que hay «trabajos en marcha» y que la red volverá «en las próximas horas». Fuentes de la industria eléctrica, consultadas por la agencia semioficial Tasnim, hablan de «drones explosivos» y «ciberataques simultáneos» contra dos subestaciones clave que abastecen al oeste de Teherán. La versión oficial, por ahora, se agarra al eufemismo de «incidentes técnicos».

Lo que nadie cuenta es que Irán ya venía sufriendo apagones selectivos en zonas fronterizas desde abril. La diferencia esta vez es que el objetivo golpea la capital: 8,5 millones de habitantes, la red de metro, los hospitales y los bancos. Un ingeniero de la compañía Tavanir, bajo anonimato, calcula que se han perdido 1.200 MW en minutos, el equivalente al consumo diario de Shiraz. La cifra habla por sí sola: sin luz, sin ascensores, sin aire acondicionado a 34 °C, la ciudad se ha vuelto un laberinto de semáforos apagados y coches pitando al azar.

El chantaje del silencio

El chantaje del silencio

En los grupos de Telegram persas circulan videos de pasillos hospitalarios iluminados con velas y quirófanos que funcionan a generador. Un residente en Elahiyeh graba el cielo totalmente negro, sin el mínimo parpadeo de la Torid Milad. «Es como si alguien hubiera pulsado el botón de borrar», dice la voz de fondo. El gobierno corta el Internet móvil cada vez que sube un clip así. La censura, más que un reflejo de miedo, es una forma de apagar también el testimonio.

La ironía es dolorosa: Irán exporta electricidad a Irak y Pakistán, pero anoche no pudo garantizarla en su propia puerta. El ministerio presume de represalias y promete «mano dura». Mientras, en la plaza, los cánticos se repiten con metrónomo perfecto. La oscuridad dura, la indignación también. Y cuando la luz regrese —tarde o temprano—, los carteles ya estarán impresos para la siguiente marcha.