Islamabad se cuela entre washington y teherán para evitar una guerra que ya cuenta 3.000 muertos

Pakistán ha dicho este domingo que albergará una mesa de negociación entre Estados Unidos e Irán cuando los misiles aún calientan el aire de Medio Oriente. El canciller Ishaq Dar lo anunció en rueda de prensa sin confirmar fechas ni formato, pero con una frase que retumbó en Islamabad: «Ambas potencias confían en nosotros». La frase suena a milagro diplomático; la realidad, a un intento desesperado de apagar un incendio que lleva más de 3.000 muertos desde octubre.

El anuncio llega tarde y con el petróleo por las nubes

La reunión, según Dar, cuenta con el respaldo de Turquía, Egipto y Arabia Saudí, tres países que han desfilado por la capital paquistaní en las últimas semanas para dibujar un plan mínimo: abrir un canal —directo o indirecto— que baje el volumen de los drones. Nada está cerrado. Ni siquiera la participación de Teherán y Washington, que hasta el cierre de esta edición no han firmado la lista de invitados. Lo único tangible es el precio del crudo: Brent a 91 dólares, el nivel más alto desde la invasión rusa a Ucrania.

El gesto de Irán de dejar pasar veinte petroleros paquistaníes por el estrecho de Ormuz se leyó en Islamabad como un guiño. En Teherán, como una cortina de humo. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, lo dejó claro horas después: «Las conversaciones sirven para distraer mientras los marines estadounidenses desembarcan». Su advertencia sonó a amenaza: «Esperamos que lleguen para responder».

Israel amplía la frontera y descarta el alto el fuego

Israel amplía la frontera y descarta el alto el fuego

Mientras Islamabad se erige en sede improbable de la paz, Israel redibuja mapas. Benjamín Netanyahu anunció la expansión de la «zona de seguridad» en el sur del Líbano y ordenó nuevos bombardeos contra Hezbolá. La frontera norte se ha convertido en un tambor de guerra donde cada repique suma cadáveres: 1.200 en Líbano, 19 en Israel, según los últimos balances.

En Irán, la cifra supera los 1.900 muertos desde que empezó el intercambio de golpes. En Iraq, milicias progubernamentales lamentan 80 bajas. La guerra ya no entiende de fronteras: se extiende por el estrecho de Bab el-Mandeb, por los cielos de Siria y por los mares del Golfo, donde un buque mercante puede encarecer el trigo que compras en el supermercado.

Pakistán juega una carta arriesgada: mediador con pasado nuclear y presente económico al borde del colapso. Su economía necesita desesperadamente el visto bueno del FMI y el petróleo barato de Irán. Dar lo sabe. Por eso evitó hablar de plazos. «La paz —dijo— no se negocia en 48 horas». Lo que no dijo es que cada día de retraso suma nuevos ataques, nuevos muertos y un nuevo récord en el precio del barril.