Israel apaga la luz de irán: teherán a oscuras tras bombardeo clave

La noche del domingo se rompió en pedazos para más de 15 millones de personas. A las 23:17, la ciudad que nunca duerme quedó muda y a oscuras. Teherán perdió la electricidad en pleno ataque israelí, y lo que antes eran farolas ahora son solo postes sin alma.

La capital iraní se apaga en cadena

El gobierno lo admitió sin eufemismos: «Hay cortes masivos en Teherán y Alborz». La televisión estatal IRIB mostró imágenes de barrios enteros convertidos en huecos negros sobre el desierto de luces de la megalópolis. Los hospitales tuvieron que conectar generadores de emergencia; el metro quedó parado entre estaciones con pasajeros atrapados. La ministra de Energía, Abbas Aliabadi, pronunció una frase que resume el desastre: «Cada vez que reparamos, vuelven a golpear». Dos centrales eléctricas en Isfahán —914 MW y 250 MW— fueron alcanzadas; 25 obreros murieron bajo los escombros, según el gobernador Mehdi Jamali Nejad. La siderúrgica Mobarak, orgullo industrial del país, también arde.

La secuencia es mecánica y demoledora: misel que alcanza turbina, turbina que explota, red que colapsa. El 80 % de la electricidad iraní nace del gas que extrae el yacimiento South Pars, bombardeado la semana pasada. Sin gas, no hay luz. Sin luz, no hay agua: decenas de plantas potabilizadoras están fuera de servicio. La Media Luna Roja habla de 81.000 infraestructuras civiles dañadas. La cifra habla por sí sola: Irán ha perdido en tres semanas lo que otros países no pierden en tres guerras.

Trump prorroga, israel pega y teherán desconfía

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Mientras los transformadores saltaban por los aires, el presidente Masud Pezeshkian hablaba por teléfono con el primer ministro paquistaní. «Washington pide diálogo y al mismo tiempo destruye nuestros cables», se quejó. Donald Trump había dado 48 horas para reabrir el Estrecho de Ormuz, luego cinco días, luego diez más, hasta el 6 de abril. Cada prórroga fue un suspijo que duró lo que un misil. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, lo resume en un sms filtrado: «No negociamos mientras nos bombardean».

El cierre de facto del Ormuz —por donde pasaba el 20 % del petróleo mundial— ya ha empujado el Brent por encima de los 110 dólares. Islamabad se ofrece como anfitrión de conversaciones que, de momento, son solo humo sobre el Golfo. El OIEA confirmó que la planta nuclear de Khondab quedó «completamente fuera de servicio» el 27 de marzo. No hay fugas, dicen. Lo que hay es un país entero averiado.

En la madrugada del lunes, los técnicos aún subían a los postes con linternas de batería. Los vecinos comparten agua hervida en ollas; los coches hacen cola de 600 metros para cargar bidones de gasolina. Alguien graba con el móvil el momento en que vuelve la luz en un barrio: los aplausos suenan a victoria pírrica. Irán entero es ahora un interruptor que se enciende y se apaga a voluntad de un arsenal. La guerra de las redes ya no es cibernética: es literal. Y el siguiente clic puede dejar a 84 millones de personas en la Prehistoria eléctrica.