Israel arrasa el sur del líbano y deja 51 sanitarios muertos: la oms estalla contra los bombardeos

El sur del Líbano se ha convertido en un campo de tiro. Un sanitario más ha caído este domingo en Bint Yebeil, y con él se arrasa un almacén de material médico. La cifra total ya roza la decena diaria: 51 trabajadores de la salud muertos desde el 2 de marzo, según la Organización Mundial de la Salud. Tedros Adhanom Ghebreyesus no ha tenido pelos en la lengua: «Los trabajadores de la salud están protegidos por el Derecho Internacional Humanitario y no deben ser blanco de ataques».

La ofensiva hacia el río litani multiplica los ataques contra ambulancias

El Ejército israeli avanza con la vista puesta en el río Litani, la línea que parte el sur de Líbano del resto del país. Cada kilómetro ganado se paga con sangre civil. La Organización Islámica para la Salud ha perdido hoy a dos de sus operarios cuando un proyectil impactó cerca del hospital de Bint Yebeil, según la agencia libanesa NNA. Israel, mientras, sigue sin confirmar el ataque; su portavoz, Avichai Adrai, insiste en que Hezbolá usa ambulancias para camuflar operativos.

El resultado es un círculo vicioso: ataque, contraataque, retorno de fuego. Hezbolá responde con salvas de mortero sobre bases fronterizas israelíes. Tel Aviv replica con más fuego aéreo. Entre medias, los equipos médicos intentan sacar heridos sin convertirse ellos mismos en estadística. Lo que nadie cuenta es que, desde octubre, los hospitales del sur libran una guerra paralela contra el reloj: falta electricidad, faltan camillas, falta espacio en las morgues.

Tedros ha dicho la frase que muchos diplomáticos se guardan: «La paz es la mejor medicina». Pero la frase suena a eslogan cuando los quirófanos se llenan de escombros. La OMS ha pedido un alto al fuego inmediato, aun sabe que sus palabras chocan contra un muro de intereses geoestratégicos: Israel quiere desmantelar el dominio de Hezbolá en la frontera; Irán, a través de la milicia chií, quiere mantener su zona de influencia; y Occidente mira al Mediterráneo con el temor de una nueva migración masiva.

El sur de líbano, convertido en zona de exclusión médica

El sur de líbano, convertido en zona de exclusión médica

La destrucción del almacén de Bint Yebeil no es solo un golpe logístico; es la desaparición del último colchón de seguridad para decenas de pueblos. Con cada impacto, la OMS actualiza su mapa de hospitales fuera de servicio: cinco completamente inutilizados, nueve operando al 30 % de su capacidad. La cifra habla por sí sola: cerca de 200.000 personas dependen ahora de unidades móviles que se mueven de noche, sin luces, para no ser detectadas.

El recuento de muertos en apenas cuarenta días iguala el número anual de víctimas sanitarias en zonas de guerra como Sudán o Yemen. El detalle escalofriante: nueve de esas muertes se concentraron en un solo día, el sábado, cuando cayeron cuatro misles sobre una caravana de ambulancias cerca of Adaisseh. Los equipos de rescate encontraron los cuerpos dentro de vehículos que aún lucían la cruz roja, pintada con la esperanza —ingenua— de que el símbolo protegiera.

Israel asegura que la culpa es de Hezbolá por «militarizar» la asistencia. La evidencia, de momento, es una carpeta de fotos difuminadas y acusaciones cruzadas. Mientras tanto, la comunidad médica internacional se replantea su propio protocolo: ¿vale la pena exponer a los equipos en un conflicto donde el uniforme blanco ya no da inmunidad? El dilema no es retórico; la respuesta se juega en la supervivencia de poblaciones enteras.

La frontera sur del Líbano ya no es solo un escenario de guerra; es la antesala de un nuevo estándar: hospitales como objetivo legítimo, sanitarios como daño colateral aceptado. Si la comunidad internacional no frena la tendencia, el precio lo pagaremos todos. Porque cuando los médicos se convierten en blanco, la enfermedad que se extiende se llama impunidad.