Israel arrasa teherán con 80 misiles y elimina al ayatolá jamenei
Mientras Teherán dormía, más de 80 proyectiles transformaron la capital iraní en un set de cine apocalíptico. La Fuerza Aérea israelí asegura haber pulverizado 40 instalaciones militares en solo 48 horas, incluyendo talleres de misiles antiaéreos y laboratorios de motores balísticos. El balance humano: 1.500 muertos, entre ellos el propio ayatolá Alí Jamenei y la cúpula dura de la República Islámica.

El fin de un régimen en una noche
El comunicado del Ejército israelí suena a factura: «Hemos borrado la capacidad de producción que acumularon durante décadas». La inteligencia israelí se jacta de haber guiado cada bomba hasta el último tornillo de los complejos de Nasirzadé y Jatib, los ministros de Defensa e Inteligencia que ya no darán órdenes. La libertad de acción de la Fuerza Aérea se traduce ahora en cielos vacíos sobre el Golfo.
Washington confirma la coordinación operativa desde finales de febrero, pero en Jerusalén saben que la foto del golpe la firman solos. El ataque no buscaba «contener»; buscaba decapitar. Lo logró. Con Jamenei muerto, el Consejo de Guardianes queda huérfano y el Consejo Supremo de Seguridad Nacional sin su secretario Larijani. El vacío de poder es tan real como el humo que aún sale de los cascos tejidos de la ciudad.
En los suburbios de Teherán, los vecinos cuentan olas de calor que derretieron los coches. Un ingeniero civil que escapó por puro azar describe «un zumbido metálico, luego el cielo se volvió naranja». Las imágenes satelitales filtradas muestran cráteres simétricos donde antes existían talleres subterráneos. Israel no solo golpea; enseña geometría de destrucción.
Irán responde con silencio de muerto. La televisión estatal repite imágenes de archivo mientras los pasdaran desaparecen de las calles. Con la cadena de mando despedazada, nadie ha convocado a la Basij ni ha abierto los cuarteles. El Hezbolá y los Houthis observan, calculan: si Israel puede arrasar Teherán, ¿qué les depara a ellos?
El precio del petróleo salta un 18 % en la apertura asiática. Moscas de mercado especulan con un vacío estratégico que Rusia o China querrán llenar, pero el Kremlin guarda silencio y Pekín exige «contención». La Casa Blanca, por su parte, se limpia la boca: «Operación conjunta», repiten, mientras el Pentágono recalcula rutas de portaaviones. El mensaje es claro: el tablero mediooriental se resetea y nadie quiere ser la siguiente ficha.
Israel cierra la noche con un último dato: ningún misil fue interceptado. Ni los S-300 rusos ni los Bavar-373 iraníes lograron tocar siquiera un F-35. La tecnología occidental demuestra su supremacía absoluta y, de paso, vende más radares a los países que ahora miran a Irán como lo que es: un cadáver geopolítico al que le faltan la cabeza y las manos.
