Israel arremete contra sánchez tras la muerte de un casco azul: la diplomacia se desangra

Un proyectil, un muerto y una pelea diplomática que ya no cabe en 280 caracteres. Israel cargó anoche contra Pedro Sánchez por condenar «antes de tiempo» el ataque que acabó con la vida de un soldado español en el sur del Líbano. Gideon Saar, ministro de Exteriores israelí, le ha salido a la yugular: «Se posiciona contra Israel sin saber quién disparó».

La explosión que nadie quiere firmar

La base de la UNIFIL en Adchit Al Qusayr amaneció cubierta de escombros y silencio. A las 03:45, un estallido dejó a un soldado sin nombre y a otro en la UVI. La misión de la ONU apenas tardó dos horas en publicar su comunicado: «Origen del proyectil: desconocido». Ni uniforme, ni huella, ni confirmación de dirección de fuego. En la zona conviven artillería israelí, milicias de Hizbulá y unidades de paz que parecen peones de ajedrez en un tablero de dinamita.

Sánchez saltó a X a las 08:12: «Se cruzó una nueva línea roja». Eludió mencionar a Hizbulá y apuntó directo a Israel: «Detengan la violencia». Era la respuesta que muchos en la comunidad internacional compartían, pero también la que Jerusalem menos quería leer.

Israel contraataca en redes

Israel contraataca en redes

Saar no dejó pasar ni el mediodía. En su cuenta, calificó al presidente español de «aliado preferido del régimen asesino de Irán» y le endosó la autoría moral del disparo. Tres tuits, cuatro insultos, cero pruebas. La embajada israelí en Madrid remató la faena con un hilo que habla de «ilegítima presunción de culpabilidad».

El Ejército hebreo, por boca de su portavoz, se limitó a recordar que «está investigando» y que mantiene «coordinación con UNIFIL». Traducción: no hay informe, no hay mea culpa y, de momento, nadie devolverá la vida al casco azul.

El muerto que nadie nombra

La víctima llevaba diecisiete años sirviendo a la ONU. Tenía 38 años, origen castellano y deja a una hija de ocho. Su nombre no trascendió hasta el cierre de esta edición; la ONU protege la identidad mientras contacta con la familia. La cifra habla por sí sola: es el segundo militar español abatido en misión de paz en lo que va de año.

El ataque se produce en plena ofensiva terrestre israelí contra Hizbulá, una operación que ya ha movilizado a más de 30.000 soldados y que, según datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, ha desplazado a 90.000 civiles en el sur libanés. El fuego cruzado es tan denso que ni los cascos azules saben de dónde viene el próximo disparo.

La pregunta que no aparece en los comunicados

Mientras cancillerías intercambian pullas, en la base de Adchit Al Qusayr los soldados empiezan a desarmar los bártulos del compañero caído. Nadie habla de retirada, pero los cascos azules circulan con chalecos antibalas por fuera y nudos en la garganta por dentro. La investigación de la ONU puede tardar semanas. La próxima descarga de acusaciones, apenas minutos.