Israel asesina a tres periodistas en líbano y beirut los despidió con flores y gritos de guerra
beirut se despertó convertida en un mar de banderas y de lágricas. Miles de personas despidieron ayer a Ali Shoeib, Fatima Fatouni y Mohamed Fatouni, los tres periodistas masacrados el sábado por un drone israelí en la zona de Jazín. El convoy fúnebre partió desde las afueras de la capital, atravesó barrios que aún huelen a pólvora y concluyó en el cementerio Imam al Sadiq, donde los cuerpos quedarán en 'espera de paz' para ser trasladados al sur cuando la guerra lo permita.
El duelo nacional se convirtió en acto político. El padre de los hermanos Fatouni, con voz quebrada por el orgullo, proclamó: 'Mis hijos murieron con la cámara en la mano, no con un fusil'. Detrás de él, Ghassan Ben Jeddou, presidente de Al Mayadeen, juró que la cadena no se repliega: 'Nos quedamos. Somos noticia, no escudos'. La frase retumbó entre los asistentes como un eco de los drones que sobrevuelan el cielo libanés cada noche.
La acusación que nadie puede probar
El Ejército israelí publicó un vídeo del ataque y, sin aportar pruebas, calificó a Shoeib de 'operativo de la Fuerza Radwan disfrazado de periodista'. La acusación llegó después de las bombas, no antes. Ni una sola imagen de supuestos arsenales, ni un solo documento interno. Solo la sentencia desde el aire y la firma de un portavoz que habla desde Tel Aviv. El presidente Joseph Aoun respondió con la dureza que permite la diplomacia: 'Asesinar a quien documenta la guerra es asesinar la memoria colectiva'.
El ministro de Información, Paul Morcos, anunció que presentará queja ante el Consejo de Seguridad de la ONU. En el mundo real, esa queja se sumará a un archivador que ya rechina de tantas denuncias incumplidas. Mientras tanto, la familia Fatouni recibe mensajes de periodistas de Gaza, de Ucrania, de Sudán: 'Allá también apuntan a nuestras cámaras'.

1.100 Muertos y un millón de desplazados en 30 días
El Ministerio de Sanidad actualizó la cifra con el tono pausado de quien ya no sorprende. 1.100 civiles muertos, más de un millón de desplazados. Detrás de cada número hay una casa convertida en escombros, un periodista que ya no llegará a su edición, un niño que olvidará el sonido de la alarma pero no el olor a cuerpo quemado. El sur del Líbano se vacía como se vació el sur de Gaza, y el mapa se tiñe de una lógica cruel: cuanto más se filma, más se bombardea.
En la procesión, una joven llevaba un cartón con la foto de Fatima y la frase: 'No está muerta, está en la nube'. La ironía es despiadada: la nube también es donde vuelan los drones que eligen quién vive y quién narra. Israel ha convertido la prensa en objetivo militar y, al hacerlo, ha declarado la guerra al testigo. La respuesta de Al Mayadeen es continuar emitiendo. La respuesta de beirut fue llenar las calles de flores amarillas que, al anochecer, parecían luces de tráfico contra un cielo que nadie se atreve a llamar pacífico.
El mensaje es claro: si callas la cámara, la historia se escribe con las bombas. Y ya sabemos cómo acaba esa edición.