Israel blinda a netanyahu: 235.000 millones para no caer
La Knéset aprobó este domingo el presupuesto más voluminoso de su historia —850.600 millones de shékels— y con él selló la supervivencia del Ejecutivo de Benjamin Netanyahu. 62 votos contra 55. 14 horas de obstrucción, sirenas de misiles iraníes y una oposición que gritó «robo» mientras los ultrarreligiosos pescaban centenares de millones en enmiendas. Todo en una misma jornada.
El dinero que compra tiempo
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, celebró un texto que «combate el coste de la vida». Yair Lapid lo rebautizó «el mayor atraco al Estado». Entre ambos discursos hay 235.340 millones de euros que, en la práctica, financian la coalición que sostiene a Netanyahu fuera del calabozo. La jugada es tan directa como descarnada: sin ese paquete, se ven elecciones anticipadas y el regreso de un tribunal que ya tiene preparado un estrado con su nombre.
El Ministerio de Defensa se lleva la tajada más gorda: 142.000 millones de shékels para blindar fronteras y alimentar la industria militar que ya factura récords en medio de la guerra de Gaza. A eso se suman 22.000 millones condicionados a los ingresos fiscales y otros 82.200 millones para compromisos de deuda que crecen mientras la calificación crediticia del país sangra. El mensaje es claro: las bombas primero, la reconstrucción después —si es que hay después—.

La factión que cobra en vivo
La oposición intentó retrasar la votación con intervenciones maratónicas, pero cada interrupción por cohetes iraníes devolvía a los diputados al bunker, donde la disciplina de coalición se reafirmaba entre ecos de explosiones. Fue una metáfora perfecta: mientras el cielo se encendía, el dinero seguía fluyendo hacia yeshivas, partidos ultraortodoxos y asentamientos en Cisjordania. Nadie se sorprendió cuando las enmiendas finales regalaron 400 millones extras a esas mismas corrientes religiosas que garantizan 16 escaños clave.
La aritmética parlamentaria es implacable: sin esos 16 votos, Netanyahu cae. Con ellos, puede seguir aplazando juicios y prometiendo «victoria total» en una guerra que ya dura más de un año. El precio: endeudar al país hasta 2026 y convertir cada shékel adicional en un seguro de vida personal.

Israel cierra filas… y el abismo
El presupuesto ya es ley, pero el efecto es doble. Internamente, el Ejecutivo gana oxígeno. Externamente, los mercados castigan la deriva fiscal: el déficit ronda el 8 % del PIB y la deuda supera el 62 %. Cada disparo de Iron Dome cuesta 50.000 dólares; cada subsidio a estudiar Tora, 1.200 dólares al mes. Ambos se financian con la misma máquina de imprimir shékels que, tarde o temprano, reclamará su factura en inflación o impuestos.
Netanyahu ha compro 18 meses de gobierno. Israel ha comprado una guerra sin fecha de caducidad. Y la Knéset, entre sirenas y chaquetero, acaba de demostrar que en política el precio final lo fija quien tiene la llave del fondo, no quien paga los intereses. Mientras, el coste de la vida que Smotrich prometía combatir sigue subiendo: el pan, 5 %; la leche, 7 %; la confianza en las instituciones, en caída libre.