Israel blinda su economía con un déficit récord para seguir bombardeando
La Knesset aprobó a las 03.42 h del lunes un presupuesto que convierte cada shekel en proyectil: 270 000 millones de dólares para que la guerra siga viva hasta 2026. Netanyahu logró 62 votos frente a 55 y evitó la disolución automática de la cámara. La recompensa: el gasto militar trepa al 8 % del PIB, cifra que no se veía desde los días en que Yitzhak Rabin firmaba cheques sin contarlos.
El precio de seguir en el poder
El truco fue político, no contable. Los partidos ultraortodoxos pactaron su respuesta a cambio de blindar la exención de 70 000 estudiantes de yeshivá del servicio militar. En plena escalada con Irán y Hezbollah, el Ejército reclama 10 000 soldados nuevos; la coalición entrega 10 000 millones de dólares en vez de gente. La contradicción se pagará en vidas, pero no en elecciones anticipadas: el calendario electoral se mantiene para octubre de 2026.
La hoja de ruta fiscal es demoledora. El déficit se eleva al 4,9 % del PIB pese a las advertencias del Banco de Israel, que ya consideraba «insostenible» el 3,9 % inicial. El Fisco tendrá que colocar deuda como si fuera agua: 22 000 millones de shekels dependen de que Washington siga enviando bombas y aviones. Si el Congreso de EE UU tarda, Jerusalén encarece la vida de sus ciudadanos sin pestañear.

El frente interno que sangra
En los grupos de WhatsApp de reservistas circula un meme: «¿Cuántos drones se compran con mi exención?». La broma duele. Desde febrero, los cohetes de Hezbollah regresaron al norte tras la muerte de Alí Jamenei; la aviación responde con misiles que valen más que toda la infraestructura que destruyen. El círculo es vicioso: cada explosión justifica más presupuesto, y más presupuesto exige más frentes abiertos.
El acuerdo deja fuera la única variable que no se vota: los 2,3 millones de palestinos que sobreviven bajo bloqueo en Gaza y cuya reconstrucción no aparece ni una sola vez entre las 1 200 páginas del texto. El silencio tiene coste. Cada día sin techo escolar o hospital suma radicalización y, tarde o temprano, nuevos reclutamientos para el enemigo que el dinero no logra borrar.
El sol sale sobre Tel Aviv y la factura ya está impresa: 270 000 millones para seguir disparando, 0 para preguntar cuándo se dejará de hacerlo. Israel cierra filos y libros; el reloj de la deuda corre más rápido que el de la paz.
