Israel bloquea al cardenal pizzaballa en domingo de ramos y netanyahu ordena ocupar más líbano
La policía israelí cerró ayer el paso al cardenal Pierbattista Pizzaballa cuando se disponía a entrar en la iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la misa del Domingo de Ramos. El jefe de la Iglesia católica en Tierra Santa se quedó a las puertas del lugar más sagrado del cristianismo, custodiado por agentes que impidieron el acceso al patriarca latino y a su comitiva.
El incidente, denunciado por el Patriarcado Latino de Jerusalén, ha provocado una oleada de críticas internacionales. La imagen del cardenal Pizzaballa —cruz al hombre, vestimenta litúrgica— frente a un cordón policial en plena Semana Santa ha sido retwitteada por obispos de todo el planeta. El Vaticano ha exigido «una explicación inmediata» y habla de «vulneración flagrante de la libertad de culto».
Netanyahu extiende el cerco en el sur del líbano
Mientras tanto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, anunció ayer por la tarde que «ampliará aún más la zona de seguridad» en el sur de Líbano. La frase suena a eufemismo: en la práctica significa más tanques, más check-points y nuevos puestos de avanzada en territorio libanés. La artillería israelí mató ayer al menos a 13 personas en la zona de Jazín, según el balance provisional del Ministerio de Sanidad de Beirut. Entre los muertos hay tres periodistas libaneses que cubrían la retirada de milicianos de Hezbolá.
La ocupación progresiva del sur del Líbano —que Israel justifica como «zona tampón» contra los ataques de Hezbolá— ha convertido la frontera azul de la ONU en un mapa de fuego. Los cascos azules apenas pueden circular por las carreteras que ya controlan los blindados israelíes. Y la población chiíta de los pueblos de Marjayoun y Naqoura huye hacia el norte en caravanas atestadas de colchones y bidones de gasolina.

Washington baraja una incursión terrestre en irán
El Pentágono ultima planes para una operación de semanas dentro de Irán, según filtra The Washington Post. La idea, aún en estudio, implicaría el despliegue de fuerzas especiales para atacar instalaciones nucleares de Teherán. La respuesta iraní no se hizo esperar: un general de la Guardia Republicana advirtió que cualquier soldado estadounidense que pise suelo persa acabará siendo «alimento para los tiburones del golfo Pérsico».
La escalada tiene al Consejo de Seguridad de la ONU en vilo. Los ministros de Exteriores de Arabia Saudí, Turquía, Egipto y Pakistán se reunieron ayer en Islamabad para diseñar una «estrategia de desescalada» entre Washington e Irán, pero el comunicado final fue tan ambiguo como inocuo. Mientras tanto, el precio del crudo Brent ha subido un 6 % en las últimas 48 horas. El mercado ya da por hecho que el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del petróleo mundial, puede cerrarse en cuestión de días.
La semana santa bajo fuego
El papa León XIV clamó ayer desde el Vaticano: «¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!». Sus palabras resonaron huecas en Jerusalén, donde los cristianos palestinos de la Old City se encontraron con calles cortadas y controles de identidad para acceder a sus propias iglesias. El Domingo de Ramos se convirtió en un cacerolazo de gritos y cánticos entre policías y feligreses.
En la Franja de Gaza, el director palestino Kamal Aljafari denuncia que «solo se habla de nosotros cuando hay masacres». Su documental sobre la vida cotidiana en Gaza ha sido seleccionado en el festival de cine de Guadalajara, pero Aljafari no puede asistir: el cruce de Erez sigue cerrado para los civiles palestinos. «Los festivales quieren nuestras historias, pero no nuestros cuerpos», ironiza.
En paralelo, Cuba cumple tres meses sin «una sola gota de combustible» debido al bloqueo petrolero impuesto por Washington, según reconoce el propio Gobierno de La Habana. Las colas en las gasoleras superan los kilómetro y medio y la inflación se come el salario de los panaderos cubanos. El castigo energético, diseñado para asfixiar la economía de la isla, ha paralizado hasta los coches alquiler del Hotel Nacional.
Mientras tanto, en el otro extremo del planeta, la tripulación de la misión Artemis II se despide de la Tierra. El miércoles partirán hacia la Luna con la ilusión de que el satélite deje de ser un destino de élite. «Queremos que cualquier niño mire al cielo y diga: puedo ir ahí», confesó la comandante Christina Koch. La frase suena a contraste demoledor con la Tierra que dejan: un planeta donde las fronteras se cierran, los misiles vuelan y los cardenales se quedan fuera de sus propias iglesias.
Disneyland París, por si alguien lo olvida, estrena hoy su nuevo parque temático Adventure World. El mundo de Frozen promete aire helado y canciones en noruego. A pocos kilómetros, en la periferia de París, los jóvenes franceses de origen magrebí protestan por el aumento del precio del pan. El hielo de Elsa y la harina de los barrios obreros comparten la misma semana. La contradicción no es un guion: es el presente que vivimos.
