Israel bloquea al cardenal pizzaballa en jerusalén y méxico estalla: 'violan la libertad religiosa'
La Policía israelí cerró la puerta del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa el Domingo de Ramos. Por primera vez en siglos, el máximo responsable católico en Tierra Santa no pudo celebrar la misa que inaugura la Semana Santa. El gesto desató una reacción en cadena: el Episcopado mexicano calificó el hecho de «golpe a la libertad religiosa» y se sumó a la condena del Patriarcado Latino de Jerusalén.
El veto que nadie esperaba
Pizzaballa y el custodio franciscano Francesco Ielpo avanzaban por la Ciudad Vieja sin insignias ni procesión. Ambos iban de civil, como fieles más. A mitad del recorrido, agentes israelíes les cortaron el paso y les ordenaron regresar. No hubo aviso previo. La excusa: los cierres de seguridad tras el ataque iraní contra Israel. Pero el cardenal no portaba símbolos que pudieran interpretarse como provocación. Solo llevaba el misal bajo el brazo.
El Patriarcado Latino lo denunció como «precedente grave». En Roma, el papa León XIV ya había advertido que «la violencia solo engendra más violencia». Ahora México repite la frase y añade un matiz político: «Lo que ocurre en Jerusalén no nos es ajeno», subraya el comunicado firmado por los obispos Ramón Castro y Héctor M. Pérez.

México rompe el silencio latinoamericano
La región suele mirar hacia Tierra Santa con devoción, no con diplomacia. Esta vez, el Episcopado mexicano rompe el patrón: pide «detener la guerra» y «reconocer en todo ser humano a un hermano». Es la primera vez que la jerarquía católica del país se posiciona de forma tan tajante contra un acto israelí sin mediar eufemismos.
El mensaje llega cuando el conflicto Irán-Israel amenaza con convertir la Ciudad Vieja en zona de exclusión aérea. Los lugares santos —Santo Sepulcro, Muro de las Lamentaciones, Mezquita de Al-Aqsa— permanecen cerrados al culto público. El temor: que la restricción se alargue hasta Pascua, dejando a millones de peregrinos sin liturgia en el epicentro de su fe.
El coste de mezclar seguridad y religión
Israel argumenta que el veto protege al cardenal de posibles enfrentamientos. La lógica militar: menos rostros visibles, menos blancos. Pero la contraofensiva eclesística es demoledora: «Impedir la entrada a quien tiene la máxima responsabilidad sobre los Santos Lugares es desproporcionado», sentencia el texto. Traducción: usar la religión como variable de control territorial socava la propia legitimidad del Estado que se proclama garante de la libertad de culto.
El episodio dura minutos, pero la herida es profunda. En la liturgia católica, el Domingo de Ramos inaugura la narración de la Pasión: la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén que termina en crucifixión. Que el propio custodio de esa historia sea rechazado en la puerta del sepulcro convierte el símbolo en metáfora política: la exclusión del otro como forma de violencia que, antes que militar, es teológica.
La frase final del comunicado mexicano suena a sentencia: «La fe, la dignidad humana y la libertad religiosa deben ser siempre protegidas». No pide negociar: exige. Y deja a Israel un plazo implícito: antes de que la Pascua se vuelva ceniza.
