Israel bloquea al patriarca católico en domingo de ramos y desata la ira de sus propios aliados

Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, se quedó ayer frente a la puerta cerrada del Santo Sepulcro mientras dentro resonaba el canto de la misa del Domingo de Ramos. La Policía israelí le dio la espalda. El cardenal, vestido de púrpura, escuchó que la celebración privada a la que acudía —menos de cincuenta fieles— era un “riesgo de seguridad”. En la calle, un centenar de peregrinos griegos y franciscanos forcejeaban con los agentes. El primer domingo de la Semana Santa se convirtió en un episodio diplomático que ya sacude los cimientos del statu quo de Tierra Santa.

Mike huckabee, aliado histórico de israel, rompe filas

El embajador estadounidense, ex-pastor bautista y amigo personal de Netanyahu, soltó la frase que nadie esperaba: “Lamentable abuso de poder”. Lo dijo en un audio filtrado a la prensa mientras los cristos de madera de los vendedores de la calle David pasaban de mano en mano. Huckabee, que ha predicado frente al Muro de las Lamentaciones y financia proyectos de asentamientos, reconoció que la imagen de un prelado impedido de entrar a su propia catedral “suena a represión, no a precaución”. En el consulato de EE.UU. ya trabajan en un informe que recomendará revisar los protocolos de acceso a lugares santos.

El Gobierno israelí apela a un cable del ejército que advierte de “amenazas iraníes inminentes”. Pero la misa se iba a oficiar en la capela del Crucifijo, un espacio de veinte metros cuadrados sin ventanas al exterior. La única amenaza visible era la de un turista ruso que intentó colarse con dos ramas de olivo en la mochila. El portavoz de la Policía admitió anoche que “pudo haber un margen de interpretación excesivo” de la orden militar, palabras que en Jerusalén equivalen a un mea culpa.

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Giorgia Meloni desayunó con la noticia y antes del mediodía ya había convocado al embajador israelí en Roma. “Ofensa a la libertad religiosa”, sentenció la primera ministra, aliada de la derecha euroesceptica que hasta ahora había bloqueado toda resolución contra Israel en el Parlamento europeo. La cancillería francesa siguió el guión: Macron tuiteó una foto suya con Pizzaballa en visita oficial de 2022 y prometió “consecuencias diplomáticas”. Polonia, Portugal y la Autoridad Palestina sumaron su firme reproche. Jordania, custodia formal de los sitios islámicos, habló de “violación flagrante del derecho internacional” y convocó reunión urgente de la Liga Árabe.

En la iglesia griega ortodoxa ya se baraja cerrar el Santo Sepulcro mañana como medida de presión. Sería la primera vez desde la huelga de 2018 contra la ley de expropiaciones fiscales. El patriarca Teófilo III avisó a la Knesset: “Si un cardenal no entra, nadie entra”. El problema es que la llave maestra del edificio sagrado la guarda una familia musulmana desde 1187 y hoy esa llave está en manos de Adeeb Joudeh, que recibió 47 llamadas de periodistas en una hora. “No soy yo quien decide”, susurró mientras cerraba la reja.

El balance de la jornada: un portón cerrado, tres ministros europeos convocados, dos mil peregrinos varados en la Puerta de Jaffa y una sola certeza: cuando la religión se convierte en motivo de seguridad, la política acaba siendo teología de guerra. Jerusalén vuelve a demostrar que aquí los domingos no se perdona.