Israel bloquea al patriarca de jerusalén en domingo de ramos: la iglesia explota
La policía israelí cerró ayer la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa y al padre Francesco Ielpo cuando se disponían a oficiar la misa que abre la Semana Santa. Dos horas después, más de 2.200 sacerdotes de 58 países, 25 obispos y 2 cardenales firmaban un texto que raya la condena eclesial más dura contra el Estado de Israel desde la guerra de Gaza.
Un domingo de cera y hierro
Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, llevaba la ciriza y el incensario. Ielpo, custodio de Tierra Santa, el misal con las oraciones redactadas en italiano y árabe. Ambos avanzaron por la calle de los Cristianos hasta la entrada principal del santuario más importante del cristianismo. Allí les esperaban agentes del Border Police que, según testigos, les espetaron: «Hoy no pasa nadie sin autorización militar». La orden no constaba por escrito. El argumento: «Medidas de seguridad». El resultado: el primer Domingo de Ramos sin la liturgia latina en el Santo Sepulcro desde 1342, cuando los franciscanos obtuvieron el derecho de custodia de los Lugares Santos.
La Red Internacional de Sacerdotes contra el Genocidio no anduvo con eufemismos. Calificó el veto de «grave violación del statu quo» y de «insulto a los millones de cristianos que miran a Jerusalén estos días». El comunicado, difundido desde Roma a las 19.02 hora local, advierte que el episodio «no es un exceso aislado, sino la última pieza de una escalada que incluye desplazamientos forzosos, demolición de viviendas palestinas y restricción de libertades religiosas».

El vaticano, entre la diplomacia y la indignación
El portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, limitó la respuesta a un escueto «seguimos la situación con preocupación». Pero en la curia hay quien compara el incidente con la crisis de 1990, cuando Israel intentó imponer un impuesto a las iglesias y el entonces patriarca monseñor Michel Sabbah convocó una huelga de campanas que paralizó la ciudad vieja. Esta vez el silencio fue más profundo. Las campanas del Santo Sepulcro no repicaron. Tan sólo se escuchó el megáfono de un policía ordenando a los fieles que despejaran la plaza.
La red de sacerdotes, fundada en 2021 tras la masacre de la matanza de Chatila, exige a la jerarquía católica que rompa el «mutismo calculado». «Pedimos que esta violación se denuncie en cada homilía, en cada oración, en cada aula de seminario. El silencio ahora no sería prudencia; sería rendición», reza el texto. El llamamiento se dirige también a los gobiernos occidentales: «La libertad de culto no puede invocarse solo cuando conviene a la narrativa de seguridad israelí».

Jerusalén, ciudad de escombros y cirios
Desde el inicio de la guerra en Gaza, el número de cristianos en Jerusalén ha descendido un 12 %, según el estudio «Christians in the Holy Land» publicado la semana pasada por la Universidad Hebrea. La comunidad latina, que ya perdió el 40 % de sus fieles durante la segunda Intifada, teme desaparecer del mapa espiritual de la ciudad en menos de una década. El padre Ielpo, franciscano de 48 años nacido en Venecia, lo resume en una frase que circula en chats de WhatsApp entre religiosos: «Custodiamos piedras, pero también memorias. Si nos expulsan de las piedras, la memoria se la llevará el viento».
El incidente del Domingo de Ramos coincide con el inicio del Ramadán y la proximidad de la Pascua judía, un calendio de festividades que convierte la ciudad vieja en un polvorín simbólico. El alcalde de Jerusalén, Moshe Lion, ha prometido una «investigación interna». La respuesta de la red de sacerdotes es una amenaza velada: «Que esta Pascua no nos encuentre evasivos. Que nos encuentre dispuestos a hablar, a orar y a actuar». La próxima cita es el Viernes Santo. Miles de peregrinos ya han reservado vuelo. La policía israelí prepara cordones. La iglesia prepara homilías. Y en el aire huele a cera derretida y a hierro caliente.
