Israel bloquea al patriarca de jerusalén en el santo sepulcro y portugal estalla
Por primera vez en siglos, la Policía israelí cerró ayer la puerta del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa. El patriarca latino de Jerusalén se quedó con el cáliz en la mano y la mitra bajo el brazo. Domingo de Ramos sin misa. La reacción fue inmediata: el presidente portugués, António José Seguro, calificó la medida de «injustificada» y advirtió de que roza la vulneración del derecho internacional.
El comunicado que rompe protocolo
La Presidencia lusa no suele meterse en líos teológicos. Esta vez lo hizo con la contundencia de quien huele el incienso quemado. El texto habla de «situación sin precedentes en siglos recientes» y de «pilar esencial de las sociedades democráticas». Traducción: Israel ha tocado un cable que duele en Europa. La libertad religiosa, dicen en Lisboa, no es negociable ni en tiempos de guerra.
El argumento de seguridad que esgrimió Benjamin Netanyahu —la guerra con Irán— suena a excusa de baratillo para quien ha caminado por la Via Dolorosa. El cardenal no portaba más arma que el Evangelio. El Gobierno israelí sabe que prohibir la entrada al máximo representante católico en Tierra Santa es como poner un candado a la propia diplomacia.
Portugal, país que custodia los derechos de la comunidad cristiana en Jerusalén desde el Concordato de 1940, observa ahora con lupa cada movimiento. La frase «acompañamos con atención la situación» es, en lenguaje diplomático, un aviso de carta crema si las cosas se tuercen. El siguiente paso podría ser la convocatoria del embajador israelí en Lisboa.

El coste de convertir la fe en rehén
Lo que ayer parecía un episodio aislado se convierte en símbolo: el Santo Sepulcro, repartido entre seis confesiones y custodiado por un musulmán que tiene la llave, ha pasado de ser lugar de peregrinación a punto de control militar. Si Israel normaliza el veto, el Vaticano podría trasladar la misa de Pascua a Amán. Y hay quien ya baraja que la próxima Navidad se celebre en Belén bajo protección de la Autoridad Palestina.
La cifra habla por sí sola: 2.000 cristianos se quedaron ayer fuera. Entre ellos, peregrinos de Corea del Sur que llevaban meses ahorrando. El turismo religioso aporta a Israel más de 3.000 millones de euros anuales. Cada misa que no se celebra es un hotel que no se llena y un taxi que no arranca.
El patriarca Pizzaballa, hombre de sonrisa pausada y trato directo, regresó a su casa de la muralla sin ceremonia. Antes de cerrar la puerta dijo a sus monjes: «La liturgia no se suspende, solo se traslada». Hoy rezará en la capilla de Gethsemaní. La piedra del Santo Sepulcro seguirá ahí, pero la grieta que ayer abrió Israel corre el riesgo de convertirse en cisma.
