Israel bloqueó la misa en el santo sepulcro y españa le hizo la guerra

El Domingo de Ramos amaneció con los cristianos de Jerusalén clamando contra un muro de policías que les impedía tocar la piedra donde, dicen, resucitó Cristo. Horas después, Félix Bolaños subía al estrado en Madrid para celebrar una «rectificación» que huele a victoria póstuma: Netanyahu retiró el veto, pero la misa ya se había perdido y la grieta diplomática late.

La embajadora israelí, convocada a la sala de los reyes

Al amanecer del lunes, la diplomacia española ejerció su ritual más antiguo: llamar al orden. La encargada de negocios de Israel en Madrid —Elad Strohmenger, una mujer que lleva meses apagando fuegos— cruzó la puerta de la sede de la plaza de la Provincia con el rostro tenso. José Manuel Albares le tendió la protesta formal y una advertencia que suena a ultimátum: «Que esto no se repita». En la sala de los Reyes, donde suele recibirse a reyes y presidentes, se escuchó solo una versión de los hechos: la del Estado que durante siglos custodió los Santos Lugares.

La versión israelí —seguridad ante todo— se desmoronó en cuanto el Vaticano difundió el video del cardenal Pierbattista Pizzaballa rodeado de agentes que le bloqueaban la entrada. La imagen recorrió WhatsApp de jerarcas católicos hasta llegar al móvil de Pedro Sánchez, que ayer mismo calificó el veto de «ataque injustificado a la libertad religiosa». La respuesta del ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, fue una bofetada diplomática: «Sánchez nunca pierde la oportunidad de incitar al odio contra Israel». Una frase que, en la práctica, congela cualquier canal de diálogo privado.

Cuando la guerra de gaza se cuela en la semana santa

Cuando la guerra de gaza se cuela en la semana santa

Lo que parecía un incidente aislado enciende una pila de dinamita acumulada: desde octubre, los custodios franciscanos denuncian 20 cancelaciones de acceso a la basílica del Santo Sepulcro; los musulmanes han visto restringido el acceso a la mezquita de Al-Aqsa; y los cristianos ortodoxos temen que la procesión del Sábado Santo se vea mermada. «Estamos ante una guerra de símbolos», me dijo anoche un religioso latino bajo condición de anonimato. «Y el símbolo más fuerte es impedir que recemos donde Cristo resucitó».

Albares, en su comparecencia, extendió la preocupación más allá de la piedra sepulcral: «La guerra se extiende por todo Oriente Próximo y avanzamos hacia un escenario de conflicto perpetuo». Traducción: los flujos de refugiados que ya cruzan el Sinaí rumbo a Europa pueden multiplicarse si la tensión religiosa se suma a la militar. La frontera sur de españa lo sabe: cada velero que partió de Túnez en los últimos días lleva familias palestinas que pagan 3.000 euros por fugarse antes de que el cierre de fronzas sea total.

La rectificación israelí llegó cuando ya nadie podía celebrar la misa. El daño, insisto, es político y espiritual. El cardenal Pizzaballa volverá a entrar al Santo Sepulcro el próximo Viernes Santo, pero la liturgia del Domingo de Ramos no tiene fecha de reposición. En la diplomacia, como en la teología, hay gestos que no se pueden deshacer. Israel lo sabe. españa también. Y la piedra de Cristo, ahí sigue, testigo mudó de un nuevo capítulo de la guerra que nunca termina en Jerusalén.