Israel cierra el grifo de gaza en plena pascua: 48 horas sin ayuda
El COGAT acaba de anunciar que sellará los pasos fronterizos con la Franja de Gaza el 2 y el 8 de abril, justo cuando los judíos celebran Pésaj y la población gazatí se debate entre la hambruna y el bombardeo.

La ayuda queda congelada en el lado israelí
El organismo militar asegura que, durante esas dos jornadas, solo permitirá la recogida de cargamentos ya inspeccionados en Kerem Shalom, el punto de cruce sur del enclave. Es decir: los camiones podrán arrancar, pero no llegarán nuevos. El resultado es un corredor humanitario que se reduce a un hilo y que deja a 2,2 millones de personas a merced de los almacenes que queden por agotarse.
Desde Tel-Aviv repiten la letanía de siempre: «Facilitamos la entrada de cientos de camiones diarios». Lo que no aclaran es que, según la ONU, esa mercancía llega desigual y encarecida. Hay trigo, pero falta leche para niños. Hay medicamentos, pero no hay combustible para hospitales. En la práctica, la promesa de «abundancia» se desinfla tan pronto como se cruza la valla.
La fecha no es casual. Pésaj conmemora el éxodo de Egipto; para muchos israelíes, es una fiesta de puertas cerradas dentro de casa, sin pan, sin huéspedes. Este año, esa tradición se proyecta más allá del muro: Gaza quedará también fuera, como si la frontera fuera un afikóman que nadie puede romper.
El cierre dura 48 horas repartidas en dos bloques. Dos días que pueden decidir si un niño desnutrido recibe su primera ración de suero o si una familia cuece la harina que le queda. El cronograma es rígido: el 2 cae en jueves, el 8 en miércoles. El resto de la semana, el flujo se reanudará, pero los organismos advierten que la interrupción genera un «efecto rebotada»: camiones que no entran hoy saturan la cola de mañana, y la cadena de frío se rompe al sol del desierto.
El Ejército insiste en que la decisión obedece a «consideraciones operativas» ligadas a la festividad. Fuentes del COGAT rechazan hablar de castigo colectivo. Sin embargo, en la Franja la interpretan como un recordatorio de quién controla el aire, la tierra y hasta el calendario. El mensaje es claro: ni la Pascua cristiana ni el Ramadán musulmán mueven los torniquetes; solo lo hace la Pascua judía.
El dato que calla el comunicado oficial es que, pese al incremento de entradas, Gaza recibe solo el 40 % de lo que necesitaba antes de la guerra, según cifras del OCHA. Más cantidad no significa mejor distribución. El trigo se amontona en los silos del norte, mientras en Khan Younis falta el pollo que la poblacion puede pagar. El resultado es un mercado paralelo donde un saco de harina triplica su precio y la ayuda humanitaria se convierte en negocio.
El 2 de abril se abrirá la tumba sin salida de Gaza, o se cerrará un poco más. La diferencia es de apenas un sello militar. En ese margen, la vida de un enclave entero se sostiene con la precisión de un reloj que alguien, en algún escritorio de Tel-Aviv, puede parar cuando suene el cántico de Pésaj.
