Israel hace saltar por los aires el corazón nuclear iraní: la planta arak queda fuera de juego
El humo aún no se ha disipado y el OIEA ya ha dictado sentencia: la planta de agua pesada Mártires de Jandab, antes Arak, está gravemente dañada y fuera de servicio. El ataque del viernes no ha sido una simple advertencia; es un tajo directo al programa nuclear de Irán.

La fotografía que lo certifica
Los inspectores no han pisado Irán; han bastado imágenes de satélite y la cuenta de daños que Teherán les ha facilitado. El resultado: ninguna válvula intacta, ninguna tubería operativa. El OIEA recuerda que allí no hay material nuclear declarado, pero eso es apenas una nota al margen cuando el agua pesada que allí se produce sirve para enfriar reactores que sí pueden fabricar plutonio militar.
Israel justifica el golpe con dos argumentos que suenan a eco de guerra económica: primero, que Irán «intentaba reparar» lo que, según Jerusalén, era una fábrica clave para armar la bomba; segundo, que cada año esa instalación dejaba en las arcas de la Organización de Energía Atómica de Irán decenas de millones de dólares. Quitarle ese grifo es, en la práctica, estrangular un ingreso y un activo geoestratégico.
La operación se enmarca en una escalada que Teherán denuncia y que, hasta ahora, Occidente observa con el freno de mano echado. Mientras, el OIEA se limita a constatar: la planta no funciona, el contador de uranio enriquecido sigue corriendo en otras instalaciones y el tablero nuclear de Oriente Próximo acaba de perder una pieza que nadie da por descontada.
