Israel retira un batallón ultra tras atacar a periodistas de cnn en cisjordania
Un batallón de reservistas ultraortodoxos quebró la cámara de CNN y estranguló a su fotógrafo. 48 horas después, el Estado Mayor israelí lo suspende. Es la primera vez que el Ejército reconoce una «grave falta ética» cuando el objetivo no era un palestino, sino un objetivo de lente.
La orden llega tarde y por televisión
Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor, firmó el alejamiento de Netzah Yehuda —«Judea por Siempre»— después de que la cadena emitiera imágenes que él mismo tuvo que ver en bucle: un soldado se cuela detrás del objetivo, aprieta hasta que el cuerpo cae y estrella la cámara contra la roca. La tierra, gritan los reservistas mientras retienen al equipo, «es de los judíos». El uniforme los protegía hasta ahora.
El batallón regresa a sus bases, pero no se disuelve. Queda en «servicio de reserva» —eufemismo para mantenerlo vivo— y pasará un curso de «fundamentos profesionales y éticos». El Ejército promete «medidas de mando adicionales» cuando termine el programa, sin fecha. La Fiscalía Militar, que archivó la muerte del anciano palestino-estadounidense Omar Assad en 2022, no se ha mojado esta vez.

Una unidad con récord antes de las cámaras
Netzah Yehuda acumula denuncias desde que llegó a Cisjordania: golpes en raids nocturnos, vejaciones en puestos de control, el caso Assad que casi le cuesta sanciones del Departamento de Estado. Washington lo estudió, lo dejó en un cajón y Netanyahu lo celebró con un tuit: «¡No se deben imponer sanciones a las FDI!». El mensaje sonó como un permiso.
En los batallones de reserva ultra conviven muchos de los «jóvenes de las colinas», colonos rechazados por otras unidades. La mezcla de ideología y uniforme convierte la ocupación en misión religiosa. La diferencia esta vez es que la prueba no viene de un testimonio palestino, sino de un archivo en HD que da la vuelta al mundo.
La medida, insólita para un ejército acostumbrado a archivar, no oculta la cuenta pendiente: cuando la víctima no porta un micrófono, la agresión sigue sin castigo. El general Zamir puede suspender un batallón, pero no la lógica que lo alimenta. Mientras tanto, en las colinas de Cisjordania, otros uniformes siguen grabando con la certeza de que la cámara es el único tribunal que aún funciona.