Israel revive la horca: el consejo de europa denuncia un 'retroceso brutal' en derechos humanos
La cuerda vuelve a estar en el aire. El Parlamento israelí ha aprobado una reforma que permite aplicar la pena de muerte por ahorcamiento a quienes cometan asesinatos terroristas, una decisión que el Consejo de Europa ha calificado sin ambages de grave retroceso y que activa todas las alarmas en el continente.
La noticia no es solo jurídica: es política, es moral, es una línea roja. Israel abolió el castigo capital para crímenes comunes en 1945, cuando el mundo aún olía a pólvora y las cicatrices del Holocausto eran frescas. Setenta y nueve años después, la horca regresa al debate público como respuesta al miedo, al dolor, a la desesperación. Pero también como síntoma de una democracia que se repliega.

El consejo de europa rompe su silencio
Desde su sede en Estrasburgo, el organismo paneuropeo publicó un comunicado tajante: esta ley «va contra los propios valores del país» y convierte la pena de muerte en «un anacronismo legal incompatible con los estándares de derechos humanos contemporáneos». Las palabras suenan a sentencia, pero también a advertencia: Israel tiene estatus de observador en la Asamblea del Consejo de Europa y ha firmado convenios que ahora quedan en entredicho.
La clave no está solo en el texto legal, sino en su aplicación. Organizaciones como Human Rights Watch o B'Tselem llevan meses advirtiendo que, en la práctica, la horca se reservará para los presos palestinos. El Consejo de Europa, sin mencionarles directamente, secunda la sospecha: «Cualquier aplicación de la pena de muerte que pueda calificarse de discriminatoria es inaceptable en un Estado de derecho». La fraca cae pesada: la ley no habla de etnia, pero el territorio sí, la historia también.
En los pasillos de la Knesset, la votación se celebró como una victoria contra el terror. En las redes sociales israelíes, la polarización es total: hay quien ve justicia y quien ve venganza. Fuera, en Bruselas, en Ginebra, en La Haya, la pregunta es otra: ¿cuánto puede tensar una democracia su propia soga antes de ahogarse?
El Consejo de Europa anuncia que «seguirá de cerca la evolución de esta ley». Traducción: cada nuevo paso será examinado, documentado, denunciado. La presión internacional no detendrá la horca, pero puede convertir cada ejecución en un escándalo diplomático. Y en el medio, los tribunales israelíes ya preparan los primeros casos que pondrán a prueba la nueva norma.
La última vez que Israel ejecutó a un civil fue en 1962: Adolf Eichmann, el arquitecto de la Solución Final. Aquella horca fue excepción. Esta, si se confirma, será regla. Entre ambas hay un abismo que ya no se mide en años, sino en valores.
