Israel veta al cardenal pizzaballa en el santo sepulcro el domingo de ramos

La Policía israelí bloqueó este domingo al cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, cuando se dirigía a pie y sin ningún séquito hacia la Basílica del Santo Sepulcro para oficiar la misa del Domingo de Ramos. Sin fieles, sin procesión, sin aparato ceremonial. Solo él y el Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo. No bastó. Los agentes les cortaron el paso de todas formas.

Lo que no ocurrió ni en la pandemia

Un obispo greco-ortodoxo que prefirió mantenerse en el anonimato lo resumió con una precisión que duele: «Es un juego de poder. Es un símbolo». Lo dijo a pie de calle, en la Ciudad Vieja de Jerusalén ocupada militarmente, a escasos metros de la basílica con las puertas cerradas a cal y canto. Y el detalle que más le incomodaba era este: esa misma mañana, más de un centenar de fieles se habían congregado sin problema en la Iglesia de San Salvador, también dentro de la Ciudad Vieja.

La comparación con el Covid no es retórica. En abril de 2020, en pleno confinamiento global, Israel permitió que hasta 15 personas participaran en el ritual del Fuego Sagrado dentro de la Basílica. Este domingo de 2025, ni el cardenal en solitario pudo entrar.

La justificación oficial y sus agujeros

La justificación oficial y sus agujeros

La Policía israelí argumentó, en un comunicado, que la solicitud de Pizzaballa fue recibida y revisada la noche anterior, pero que no pudo aprobarse porque la ausencia de búnkeres y refugios en la Ciudad Vieja «representa un peligro real para la vida humana» ante un eventual ataque con misiles iraníes. Añadió que la zona no permite el acceso de vehículos grandes de emergencia, lo que complica la respuesta de las fuerzas de seguridad.

El argumento tiene un problema de coherencia que salta a la vista: si el peligro afecta a la Basílica del Santo Sepulcro, también afecta a la Iglesia de San Salvador, que está a pocos minutos andando. Y allí sí hubo misa, con público.

Italia convoca al embajador israelí

La respuesta diplomática no tardó. El Gobierno italiano calificó el veto de «una ofensa», no solo para los creyentes sino para cualquier comunidad que defienda la libertad religiosa. El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, anunció que este lunes convocará al embajador israelí en Roma para exigir explicaciones formales.

El Patriarcado Latino de Jerusalén fue más contundente en su denuncia: «Por primera vez en siglos, se impidió a los jefes de la Iglesia celebrar la misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro». Siglos. No décadas. Siglos.

Un patrón que va más allá del cristianismo

Desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, Israel tampoco ha permitido a los musulmanes rezar en la Explanada de las Mezquitas durante el mes sagrado de Ramadán. El rezo judío en el Muro de las Lamentaciones también ha sido limitado. Tres religiones. Tres restricciones. Una misma Ciudad Vieja convertida en un tablero de ajedrez donde la seguridad y la política se confunden hasta hacerse indistinguibles.

El status quo que regula la Basílica del Santo Sepulcro lleva siglos en pie. Lo comparten la Iglesia católica romana, la griega ortodoxa, la apostólica armenia, la copta, la siríaca y la ortodoxa etíope. Ese equilibrio frágil, cosido con acuerdos históricos y respeto mutuo, acaba de recibir uno de sus golpes más visibles en la memoria reciente. Y lo que más inquieta no es el incidente en sí, sino que nadie en Tel Aviv parece haber considerado que cerrar las puertas del Santo Sepulcro en Domingo de Ramos podría tener un coste político mayor que cualquier protocolo de seguridad.