Iván cepeda demanda al concejal gury por batear la paz en medellín
El senador Iván Cepeda puso fecha y firma al escándalo: hoy mismo radicará en la Fiscalía una querella por incitación a la violencia contra el concejal Andrés Felipe Rodríguez Puerta, alias ‘El Gury’, el mismo que apareció en la minga indígena de La Alpujarra blandiendo un bate bautizado como ‘diálogo’.
El video que encendió la mecha
Todo empezó con un clip de Noticias Uno. Cepeda llamó energúmeno al edil y lo acusó de “amenazar a la gente con un bate”. Gury devolvió la jugada en X: “¿Energúmeno, yo? Coma mierda”. En menos de 24 horas la frase se volvió trending topic y la red social se convirtió en ring de lodo político.
Pero hay un detalle que ningún trending recoge: el bate no era un adorno. La Procuraduría ya lo investiga por un episodio previo en la misma plaza, donde lo fotografiaron entre policías y manifestantes con el mismo madero a cuestas. La minga indígena solo fue la ocasión para que el arma –ahora con calcomanía blanca que rezaba ‘diálogo’– volviera a salir a la luz.

La denuncia que rompe el protocolo
Cepeda rompió el protocolo de la chicana virtual y subió la apuesta: acusación formal por difamación, hostigamiento y violencia. El artículo 348 del Código Penal, que castiga la incitación al odio, es la bala que espera impactar contra el escudo político del Centro Democrático. Si la Fiscalía decide abrir investigación, Gury podría perder la curul y quedar inhabilitado por 12 años.
El concejal, mientras tanto, sigue campando en redes. Ayer publicó un selfie desde su oficina con el bate apoyado en la pared y la leyenda: “Listo para defender a Antioquia”. La publicación acumula 28 mil likes y un aluvión de comentarios que mezclan amenazas y aplausos. La línea entre performance y delito se desdibuja con cada clic.

El costo político de un madero
La minga que Gury fue a “fiscalizar” exige salud, tierras y protección para 500 indígenas del Urabá. Sus líderes no olvidan la imagen: un funcionario portando un bate mientras hablaba de “instrumentalización de niños”. Para la Organización Nacional Indígena de Colombia, ese gesto fue “una declaración de guerra”.
Cepeda, candidato presidencial sin grandes encuestas, apuesta a que el escándalo lo catapulte al centro del debate nacional. Gury, a su vez, se consolida como la respuesta paisa al “castrochavismo” que tanto vende su partido. Entre ambos, Medellín vuelve a ser el escenario donde el odio se mide en rétweets y la justicia corre tras un madero de madera.
La próxima semana la Fiscalía decidirá si el caso pasa del trending al expediente. Mientras tanto, en La Alpujarra aún huele a gasolina de moto y a goma quemada. El bate sigue guardado en algún rincón del Concejo. Y la minga, sin respuesta oficial a sus demandas, prepara otra marcha.