Ivy queen cerró el fia 2026 con un grito de mujer que retumbó en toda centroamérica

La Sabana fue un volcán de lentejuelas y gritos. A las ocho en punto, cuando Ivy Queen pisó la tarima, el Parque Metropolitano dejó de ser costarricense para convertirse en un caserío de Puerto Rico donde las abuelas se saben la letra entera y los nietos perrean sin rubor. Diez mil almas corearon “Yo quiero bailar” como si el 2004 hubiera regresado con más furia y menos complejos.

Un cierre que olía a gasolina y a victoria

No hubo intro cursi. La Potra salió con botas militares y camiseta negra que rezaba “Mujer, resiste”. La primera explosión de pirotecnia coincidió con ella señalando el cielo y gritando: “Esto es para las que nunca callaron”. El mensaje no era metáfora: en Costa Rica los femicidios subieron un 18 % en 2025. La reina lo sabía y lo puso en la cara del público antes de soltar el primer dembow.

La nostalgia funcionó como un puñal. Cuando sonó “La vida es así”, una mujer de unos cuarenta junto a mí lloró sin disimular. Me dijo que había bailado esa canción el día que pidió el divorcio. A su lado, una adolescente grababa todo para subirlo a TikTok. Entre ambas, la generación que creció sin pedir permiso.

Lo que no se vio en la tele

Lo que no se vio en la tele

El FIA se jacta de “sacar el arte a la calle”, pero la organización pagó ¢85 millones por veinte minutos de Ivy Queen, según confesó un funcionario del Ministerio de Cultura bajo condición de anonimato. El caché incluyó un rider de seis páginas donde exigían, entre otras cosas, agua de coco sin azúcar y un camarín con espejos de cuerpo entero “para que la reina se vea entera antes de salir”.

La contraparte: los artistas locales recibieron ¢250 mil por presentación y compartían camerinos con los baños químicos. La brecha no es nueva, pero duele más cuando el festival presume de “pluralidad”.

Al final de la noche, la basura era otro escenario: 12 toneladas de desecho que los voluntarios recogieron hasta la madrugada. Entre los plásticos encontré una copia arrugada del libro “Feminismo es para todo el mundo” de bell hooks. Alguien lo usó para sentarse sin mancharse los pantalones.

El fia 2026 en una cifra

El fia 2026 en una cifra

423.700 personas pasaron por alguno de los 87 eventos gratuitos. Parece mucho, pero es apenas 8 % más que la edición 2024. La organización había prometido “crecer al doble” tras el pandemia. Lo que creció fue el presupuesto: un 34 % más que hace dos años. La mitad se fue en seguridad privada y en alquilar vallas antimotines que ayer protegían a Ivy Queen de sus propas fans.

México, país invitado, llevó 42 artistas. Costa Rica presentó 358. El balance suena justo hasta que ves que el 70 % de los nacionales actuaron en horarios entre semana y con sonido escolar. La Fura dels Baus, la compañía estrella, ensayó su espectáculo “RECONEC” con 70 costarricenses. Pero solo nueve de ellos aparecen en el programa como parte del elenco. El resto son “figurantes de comunidad”, categoría que no cobra derechos de imagen.

La noche que la sabana olía a coco y a gas pimienta

Cuando Ivy Queen cantó “Dime”, la multitud se volvió una sola cuerda de cuello tatuado. A mi espalda, un hombre vendía cerveza ilegal a ¢2 mil la lata. Delante, una pareja se besaba con tanta hambre que parecían quererse comer la pandemia perdida. A las 10:47 p.m. sonó el último tema. La reina no hizo el clásico “¡Esto se acabó!”, sino que pidió un minuto de silencio por “las que ya no pueden bailar”. El parque quedó mudo. Luego estalló el confeti y todo volvió a ser ruido.

La gente salió caminando por la avenida de la América como si fuera domingo de playa. Un vendedor ofrecía camisetas de Ivy Queen a ¢5 mil. La calidad era mala, pero el logo brillaba en la oscuridad. Aún así, se agotaron en veinte minutos. La fiebre dura hasta el próximo festival. O hasta que la próxima mujer decida subirse a una tarima y gritar que no quiere callarse más.

El FIA 2026 se fue. Lo que queda es la cuenta de cobro: ¢6.200 millones que pagaremos entre todos para que un puñado de marcas bancarias pueda poner su logo en la valla que ayer tapó el cielo de La Sabana. La reina se llevó su cheque. Nosotros, la resaca y la certeza de que la cultura, aquí, sigue siendo un negocio de reyes y plebeyos.